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Cuesta abajo y sin frenos

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Hace más de un año me atreví a vaticinar que la escudería Ferrari con la gestión de sus nuevos jefes: John Elkann, Louis Camilleri y Mattia Binotto atravesaría por un largo período de oscuridad porque todos ellos carecen de liderazgo, de orientación ganadora y de fortaleza política. Su cacareado veto es una bufonada ante los ojos de Daimler AG, el gigante alemán que ahora mismo mueve los hilos de la Fórmula 1. Resulta innegable que este año Ferrari ha sido un desastre en todos los sentidos, destrozar el plan trazado por Sergio Marchionne para no edificar nada sobre las ruinas y además vanagloriarse de ello no parece suficiente. Van por más.

Se entiende que la gran apuesta de Ferrari tanto en el presente como en el futuro es Charles Leclerc, con respecto a eso no hay discusión posible. También es lógico que tras determinar que Sebastian Vettel no seguiría junto al equipo se le relegara en el box. En la Fórmula 1 un piloto que va de salida no tiene acceso a reuniones de ingenieros de élite, ni se le permite probar nada que tenga que ver con el proyecto de la próxima temporada. Eso es normal porque se deben proteger secretos industriales, pero de allí a maltratar públicamente a Vettel para someterlo al desprecio público hay una distancia enorme.

La ética no parece una de las virtudes de los nuevos jefes y eso quedó en evidencia hace varios meses cuando se cuestionó la legalidad del motor que Ferrari utilizó durante la temporada 2019. Por tal razón se pudiera pensar que a Vettel le están aplicando una estrategia para que pierda los estribos y arremeta verbalmente contra el equipo, forzando con ello su despido y de esta forma no honrar lo que resta del compromiso contractual que le concede el segundo sueldo más alto entre los pilotos. El problema para la plana mayor de Ferrari es que Vettel al parecer soporta estoicamente toda esta degradación con gran nivel profesional. El alemán tiene la certeza de que su futuro está asegurado en Aston Martin, así que es obvio que cumple con sus obligaciones sin esperar mayores resultados, simplemente se encamina a terminar su temporada, que le paguen su dinero y adiós a todos.

Por otra parte, el día de hoy, los representantes de Ferrari volvieron a sorprender al actuar contra toda lógica ya que renovaron al piloto Antonio Giovinazzi en Alfa Romeo y además manifestaron abiertamente que no están de acuerdo con la propuesta de Red Bull de congelar el desarrollo de los motores a partir del 2022. En lo personal me dejó asombrado el conceder otra oportunidad a Giovinazzi cuando el sentido común se inclinaba a reeditar el plan de acción trazado para Charles Leclerc cuando egresó de la Fórmula 2. Si no está programado que Giovinazzi vaya algún día a Ferrari, por qué entonces negar la oportunidad a uno de los destacados pilotos que la Academia Ferrari tiene en la Fórmula 2.

Oponerse a que Mick Schumacher complemente su aprendizaje con lo que pueda absorber de Kimi Räikkönen parece una mala decisión. También llevar al joven alemán a Haas F1, escudería que no tiene mayor relación con Ferrari más allá del trato proveedor y cliente parece un sinsentido porque ni siquiera los italianos podrán explotar la imagen comercial de Schumacher. Ni hablar del golpe en la moral que podría recibir Callum Ilott si logra alzarse con el título de la Fórmula 2 y descubre que debe irse a su casa porque no hay sitio para él en ningún lado.

La lectura que se puede conceder a esta serie de movimientos es que la plana mayor de Ferrari está comprometida todo o nada con la opción de Charles Leclerc, de presentar al piloto monegasco como una suerte de mesías que algún día será campeón y justificará toda la inversión que han realizado sus actuales jefes. De otra forma es difícil explicar tantos desatinos en una gestión.

Otra desacierto de los jefes de Ferrari es negar la posibilidad de congelar el desarrollo de los motores para el 2022. La propuesta de Red Bull halló eco en Mercedes, pero no en la escudería italiana ni en Renault. En este caso, Louis Camilleri, CEO de Ferrari, señaló que detener la evolución de las actuales unidades de potencia va en contra del espíritu de la Fórmula 1.

Si Honda anunció su marcha de la categoría porque ha inyectado una inmensa cantidad de recursos y a estas alturas no ha podido igualar el nivel de rendimiento de Mercedes, qué le hace pensar a los jerarcas de Ferrari que ellos sí tienen lo necesario para derrotar a los alemanes limpiamente. Si desde Ferrari y Renault están pensando en ejecutar un pase de factura contra Red Bull para que la estructura austriaca se venga a menos y así aprovecharse de ello, entonces no han aprendido nada en todos estos años. El sentido común indica que de mantenerse el desarrollo de los motores, Mercedes también podrá hundir el pie en el acelerador y dejar a todos más atrás de donde están ahora y sería más de lo mismo pero gastando más dinero.

Utilizar como excusa la introducción de biocombustible para echar por tierra la propuesta de Red Bull pudiera ser válida, pero en este caso es la FIA la que debe determinar los plazos y no los fabricantes. Hasta ahora se tiene estipulado que a partir de 2026 se va a introducir otra fórmula de motor, de la cual se tiene muy poca información técnica. Acaso no es un riesgo proseguir con el gasto y desarrollo de las actuales unidades de potencia si se sabe que todo apunta a una reducción considerable de los presupuestos. Si en Ferrari pretenden hacer creer que poseen el estatus político para que Red Bull acepte sus designios pueden salir peor parados de esta contienda.

Ferrari tiene más de un año por delante para concebir la mejor versión de su unidad de potencia, al igual que Renault, mientras Red Bull deberá resignarse a lo que les entregue Honda. Si bajo tal escenario todavía hay quejas ya no se trata de avanzar sino de provocar que aquellos que estén adelante se rindan y abandonen. Desde los predios de Red Bull han comunicado que no están dispuestos a volver con Renault, para tomar esa opción prefieren retirar a sus dos equipos ya que el proveedor francés no es garantía de aspirar a los títulos en esta era. Si Ferrari insiste en boicotear las propuestas que hagan sus rivales desde su frágil y cuestionable posición, se puede encontrar con una Fórmula 1 donde su única alternativa será servir de simple comparsa a Mercedes, otra vez.