Denostada y perseguida, uno podría pensar que la energía nuclear está en retroceso, al menos a la vista de los procesos de cierre de centrales que han tenido lugar – y aún están llevándose a cabo – en países como Alemania, o en España.
Pero la realidad es bien diferente. Y un buen ejemplo lo hallamos en Estados Unidos, donde la administración Trump se ha propuesto revertir la tendencia.
Hace poco más de un año se producía un acontecimiento importante. Donald Trump firmaba la Orden Ejecutiva 14301 que exponía de qué manera se había frenado el desarrollo de sistemas nucleares civiles, recordando cómo el último nuevo reactor desarrollado en el Idaho National Laboratory, encargado la construcción y las pruebas de reactores, se remontaba a los años setenta.
Reactores… reactores nucleares de bolsillo
“Nuestra orgullosa historia de innovación ha sucumbido a una complacencia provocada por el exceso de regulación”, decía la Orden Ejecutiva firmada por Trump, “eso cambia hoy”.
La imagen de una central nuclear suele remitirnos a enormes torres de refrigeración, kilómetros de tuberías y obras que se prolongan durante años. Estos nuevos proyectos persiguen justo lo contrario: fabricar reactores pequeños y modulares en una factoría, transportarlos – a menudo en un medio tan sencillo como lo es el remolque de un camión o un contenedor – y desplegarlos allí donde se necesita una fuente constante de electricidad.
La Orden Ejecutiva 14301, firmada el 23 de mayo de 2025, dio al Departamento de Energía 90 días para revisar sus procedimientos y acelerar las pruebas de reactores avanzados, entre los cuales no podían faltar algunos proyectos de los denominados microrreactores que hoy nos ocupan. También le encargó aprobar al menos tres proyectos dentro de un programa piloto, con el objetivo de que alcanzasen la criticidad antes del 4 de julio de 2026, coincidiendo con el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos (Casa Blanca).
Justo a tiempo para la fiesta del 4 de julio
El primero fue el Mark-0 de Antares Nuclear, que alcanzó la criticidad el 4 de junio en el Idaho National Laboratory. El Ward 250 de Valar Atomics hizo lo propio el 19 de junio en el San Rafael Energy Lab de Utah. El Unity de Deployable Energy se convirtió en el tercero el 30 de junio. Finalmente, el reactor experimental de Aalo Atomics completó la cuarta demostración el propio 4 de julio (Reuters).
La prueba de criticidad, en la que se consigue mantener la reacción de fisión sostenida y controlada, es solo un primer paso para certificar unos reactores que con esa fisión tendrán que generar energía, y aún quedaría mucho tiempo para su despliegue y comercialización. No obstante, los plazos en los que se está trabajando son cuanto menos muy prometedores.
Las fechas más optimistas apuntan a 2027 para las primeras demostraciones relevantes con producción eléctrica.
Mucho potencial, pero habrá que esperar para verlos en funcionamiento
Antares pretende probar primero el sistema que convertirá el calor en electricidad y después integrarlo con un reactor de aproximadamente 1 MW. El conjunto debería ensayarse en Idaho durante al menos seis meses. Si los resultados son satisfactorios, la empresa espera iniciar sus primeros despliegues para el ejército estadounidense en 2028. La Fuerza Aérea ya ha seleccionado el R1 para un proyecto en la Joint Base San Antonio, en Texas.
Aalo también prevé poner en funcionamiento durante 2027 una unidad de 10 MW eléctricos asociada a un centro de datos. Deployable Energy, por su parte, necesita reunir los datos operativos que exigirán reguladores, inversores y futuros clientes antes de pasar de la demostración a la fabricación comercial.
Imágenes: Antares Industries, Valar Atomics









