Volkswagen no quiere que el debate del coche eléctrico gire únicamente alrededor de las prohibiciones. Martin Sander, responsable de ventas, marketing y posventa de Volkswagen, ha defendido que el coche eléctrico debería imponerse por convencimiento, infraestructura y coste de uso, no solo porque Bruselas o Pekín pongan una fecha de caducidad al motor de combustión.
El eléctrico debe ganar por utilidad, no por obligación
La comparación que ha utilizado es bastante gráfica: los caballos no desaparecieron porque se prohibieran, sino porque el coche se convirtió en una solución mejor para moverse. Y, según Sander, algo parecido ocurrirá con los coches de gasolina y diésel si la industria y los gobiernos resuelven los inconvenientes actuales del eléctrico.
Sander ha sido especialmente crítico con el tono del debate público. A su juicio, hablar solo de prohibir el motor de combustión es una mala forma de vender una tecnología nueva a clientes que llevan décadas usando coches con motor de combustión.
Según el directivo alemán, si la conversación gira únicamente en torno a cuándo dejará de poder comprarse un coche con motor térmico, el comprador adopta una postura a la defensiva. No se le está explicando por qué debería cambiar, y las ventajas, sino cuándo dejará de tener alternativa a algo que llevan -llevamos- acostumbrados décadas.
Por eso, Sander pide centrar el foco en tres puntos mucho más terrenales: más infraestructura de carga, precios de la energía más razonables y una comunicación más positiva sobre las ventajas reales del coche eléctrico.
Solo un 4-5% seguiría queriendo combustión en 2035
La frase más llamativa de Sander es su estimación a largo plazo. Si se eliminan las barreras actuales, el directivo cree que en torno a 2035 solo «un 3%, 4% o 5% de los clientes» seguirá queriendo comprar un coche con motor de combustión.
Esa previsión refleja la idea de que el motor térmico podría convertirse en algo de nicho, no porque sea ilegal, sino porque la mayoría de compradores acabaría viendo el eléctrico como la opción más lógica y práctica. Del mismo modo que sigue habiendo gente montando a caballo por puro placer, pero no para viajar.
Fabricantes, proveedores y algunos gobiernos llevan meses pidiendo más flexibilidad para híbridos enchufables, combustibles sintéticos o tecnologías de transición de cara a 2035, y aunque se ha levantado un poco la mano, lo cierto es que, en la práctica, en 2035 será casi imposible vender coches nuevos con motor de combustión, a no ser que utilicen combustibles sintéticos y renovables.
La cuestión no es si el motor térmico desaparecerá, sino a qué velocidad lo hará
Los caballos no desaparecieron con la invención del automóvil. Dejaron de utilizarse como medio de transporte, pero siguen existiendo con un papel diferente: se utilizan por ocio, deporte o simplemente por tradición. Sander cree que puede acabar pasando algo parecido con el motor de combustión.
La clave está en los condicionales: si la carga mejora, si la electricidad no se dispara, si los eléctricos bajan de precio, si las baterías son más baratas… Y si el cliente percibe que el coche eléctrico no le obliga a renunciar a nada importante, cosa que, dicho sea de paso, está cambiando a una velocidad de vértigo.
La otra parte importante del mensaje de Sander tiene que ver con China. Volkswagen reconoce está aprendiendo de China cómo desarrollar eléctricos más rápido, con más tecnología embarcada y con costes más agresivos. Todo lo que está aprendiendo allí será clave para competir en Europa -y en otros mercados- frente a los fabricantes chinos para no acabar convirtiéndose en un fabricante de carruajes.
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