Las familias Porsche y Piëch han subido un nivel la presión en Volkswagen para acelerar la reestructuración de la compañía. Porsche SE, su vehículo inversor y principal accionista del grupo alemán, exige recortar costes, eliminar capacidad industrial sobrante y estudiar «todas las opciones», en pleno debate sobre un ajuste que podría destruir otros 50.000 empleos y provocar el cierre de cuatro fábricas en Alemania.
El mensaje llega directamente de Hans Dieter Pötsch, presidente del consejo de Porsche SE, que considera que Volkswagen se encuentra ante una «encrucijada histórica». Pötsch es también presidente del consejo de supervisión de Volkswagen desde 2015, cuando sucedió al mítico Ferdinand Piëch.
«Por el bien de la empresa y de su competitividad sostenible, todos deben ahora dar un paso adelante y asumir su responsabilidad», aseguró Pötsch. «Cuanto más se retrasen las decisiones, mayores serán los problemas», añadió.

Volkswagen ID. Polo, uno de los lanzamientos recientes más importantes de la marca.
Su advertencia apunta directamente a los representantes sindicales y al estado federado de Baja Sajonia, los dos grandes contrapesos al poder de las familias propietarias dentro de Volkswagen.
50.000 empleos y cuatro fábricas están sobre la mesa
El consejero delegado de Volkswagen, Oliver Blume, prepara una transformación mucho más profunda que los ajustes anunciados hasta ahora. Su propuesta contempla hasta 50.000 salidas adicionales, alcanzando un total de 100.000 despidos, y el posible cierre de cuatro fábricas en Alemania, después de que el grupo ya haya aprobado decenas de miles de recortes de empleo.
Tanto los representantes sindicales como el estado alemán ya han mostrado su oposición frontal a esas medidas, pero las familias propietarias han decidido respaldar públicamente esa línea. Johannes Lattwein, director financiero de Porsche SE, pidió reducir el exceso de capacidad, rebajar de forma significativa los costes y agilizar la toma de decisiones. «Competitividad es el objetivo. Todas las opciones deben ser consideradas para alcanzarlo», afirmó Lattwein.
La referencia a la capacidad sobrante es especialmente importante. Significa que Volkswagen dispone de fábricas, personal y equipamiento preparados para fabricar muchos más coches de los que actualmente puede vender de forma rentable. Pero mantener esa infraestructura eleva el coste de cada vehículo producido y dificulta competir con fabricantes chinos que operan con costes inferiores y ciclos de desarrollo más rápidos.
El problema afecta al conjunto de un grupo que abarca desde la marca Volkswagen hasta Audi, Porsche y Lamborghini. La compañía tiene que afrontar simultáneamente unos costes laborales e industriales elevados, la presión arancelaria en Estados Unidos y una competencia china cada vez más dura, especialmente en los coches eléctricos e híbridos enchufables.
Los trabajadores y Baja Sajonia pueden frenar el ajuste
El respaldo de Porsche SE no garantiza que Blume pueda ejecutar su plan. La reestructuración necesita superar el complejo equilibrio de poder de Volkswagen, donde los representantes laborales y Baja Sajonia cuentan con una influencia muy importante, y superior a lo habitual en otros fabricantes europeos.
El estado federado de Baja Sajonia posee una participación con derecho de bloqueo del 20%, mientras que los trabajadores ocupan la mitad de los puestos del consejo de supervisión. Ambas partes votaron en contra del plan de recortes de Blume durante la última reunión del consejo, celebrada en julio.
El siguiente choque está previsto para comienzos de septiembre, cuando volverá a reunirse el máximo órgano de supervisión. Se abre así un final de año marcado por negociaciones muy duras entre la dirección, las familias accionistas, el comité de empresa, el sindicato IG Metall y el gobierno regional.
La factura de la crisis ya alcanza a las familias propietarias
La presión de las familias Porsche y Piëch, con una fortuna estimada en unos 15.500 millones de euros, no responde únicamente a una disputa sobre la gestión. Porsche SE también está sufriendo financieramente el deterioro de sus dos principales inversiones.
La sociedad, que controla el 31,9% de Volkswagen y posee el 12,5% de Porsche, obtuvo un beneficio ajustado después de impuestos de 949 millones de euros durante el primer semestre, un 14,5% menos que un año antes.
Tras incorporar las pérdidas de valor de sus participaciones en Volkswagen y Porsche, el holding registró unas pérdidas netas de 2.200 millones de euros, frente al beneficio de 338 millones conseguido durante el mismo periodo del ejercicio anterior. A eso hay que añadir que tanto Volkswagen como Porsche acumulan fuertes caídas en bolsa durante los últimos años. Con este panorama, ambas familias consideran que aplazar los ajustes solo hará que la factura sea mayor.









