General Motors se retira del proyecto de la gigantesca fábrica de baterías que estaba construyendo junto a Samsung SDI. El fabricante surcoreano comprará el 49,99% que tenía GM y asumirá el control total de unas instalaciones valoradas en 3.500 millones de dólares, unos 3.000 millones de euros, que todavía no han producido una sola celda.
La operación refleja el enfriamiento de las expectativas para el coche eléctrico en Estados Unidos. Cuando el proyecto fue aprobado definitivamente en 2024, debía convertirse en una pieza fundamental de la ofensiva eléctrica de GM. Dos años después, la compañía prefiere retirar capital antes de que comience la producción en masa, prevista para 2027.
Una fábrica capaz de alimentar 360.000 coches eléctricos al año
La planta de New Carlisle, en Indiana, ocupa unos 2,75 kilómetros cuadrados y fue diseñada para alcanzar inicialmente una capacidad anual de 27 GWh, ampliable posteriormente hasta 36 GWh.
Para poner la cifra en perspectiva, 27 GWh permitirían suministrar, sobre el papel, las baterías de aproximadamente 360.000 coches eléctricos equipados con paquetes de 75 kWh. No hablamos de una planta pequeña, sino de una de las grandes apuestas de GM para asegurar su suministro de celdas en Norteamérica.
El proyecto contemplaba más de 1.600 empleos y en su calendario original estaba previsto empezar a funcionar en 2026, pero el inicio de la producción se pospuso hasta 2027 conforme el crecimiento del mercado eléctrico estadounidense perdía fuerza.
La fábrica iba a producir principalmente celdas prismáticas ricas en níquel (NMC o NCA). Esta tecnología habría permitido a General Motors diversificar una estrategia hasta ahora muy dependiente de las celdas tipo bolsa fabricadas junto a LG Energy Solution.
La fábrica también hará baterías estacionarias
La salida de GM no implica que Samsung SDI abandone las instalaciones. El fabricante surcoreano controlará por completo SynergyCells, la sociedad propietaria del proyecto, y tendrá así su primera fábrica de baterías íntegramente suya en Estados Unidos.
Con este cambio de rumbo, la producción de la fábrica ya no estará ligada exclusivamente a los coches eléctricos de General Motors. Samsung SDI pretende utilizarla para diferentes aplicaciones, tanto vehículos eléctricos de otras marcas como sistemas estacionarios de almacenamiento de energía.
Estos sistemas se utilizan en hogares, grandes industrias, centros de datos o parques solares y eólicos para guardar la electricidad procedente de la red o de los generadores, almacenando energía cuando sobra y usándola cuando es necesario. Lo más interesante es que no hace falta que sean nuevas: suelen utilizarse baterías reacondicionadas que estuvieron concebidas inicialmente para mover un coche, pero que ya no sirven para esa función.
No significa que las baterías estén agotadas, sino que su autonomía, potencia o fiabilidad ya no son suficientes para uso automovilístico. Una batería con un 70-80 % de su capacidad original ya resulta poco atractiva en un coche, pero puede seguir almacenando mucha energía durante años en una instalación estacionaria.
La retirada de las ayudas ha cambiado las cuentas de GM
Samsung SDI atribuye el cambio de propiedad a la coyuntura del mercado eléctrico, con un crecimiento más lento de lo previsto. La fábrica nació para responder a una esperada explosión de las ventas de eléctricos y Samsung busca ahora proteger una inversión de 3.500 millones de dólares diversificando la producción hacia un mercado con mejores perspectivas.
Detrás de esa debilidad del mercado también existe un giro regulatorio. El crédito fiscal federal de hasta 7.500 dólares para comprar vehículos eléctricos desapareció en septiembre de 2025. Al mismo tiempo, la Administración Trump relajó parte de la presión que obligaba a los fabricantes a reducir rápidamente las emisiones de sus gamas. Con todo, la demanda de eléctricos cayó.
Muchos fabricantes han pisado el freno con sus planes de electrificación y en lo tocante a General Motors, la compañía ya contabilizó a comienzos de 2026 un impacto de 6.000 millones de dólares relacionado con su repliegue eléctrico. Además de este movimiento con Samsung, GM también vendió a LG Energy Solution su participación en otra fábrica de baterías situada en Lansing, Michigan, antes de que comenzara a producir.
GM seguirá teniendo a Samsung como socio tecnológico
Todo este embrollo no supone el final de la relación tecnológica entre GM y Samsung SDI, pues ambas compañías han firmado un acuerdo para desarrollar una nueva generación de baterías prismáticas destinada a futuros vehículos eléctricos.
General Motors mantendrá así el acceso a la tecnología de Samsung sin asumir la mitad del coste y del riesgo de una fábrica todavía pendiente de estreno. Pierde, eso sí, capacidad de desarrollo propio e independencia de terceros. Samsung asume todo el riesgo, pero a cambio gana libertad para buscar otros clientes y decidir qué combinación de baterías y químicas resulta más rentable.
Fuentes: Reuters, Samsung SDI.











