El diseño amigable sí importa: las caras de los coches a debate

Óscar Miguel  |  @omiguel  | 

La apariencia externa es algo muy valorado en nuestra sociedad actual, influenciados quizás por valores como la fugacidad de la vida y otros que no voy a valorar personalmente pues no soy psicólogo. Pero sí es cierto que unas apareciencias u otras, unas caras u otras, pueden producir respuestas diferentes.

La primera impresión tiene mucho valor, aunque a veces intentemos negárselo. Y en los automóviles ocurre prácticamente de la misma manera. Hace unos años (unas décadas más bien) se diseñaban los automóviles en función a parámetros como la dureza, la maximización del espacio, la seguridad o el aerodinamismo, valores estos dos últimos que han crecido en prioridad en los últimos años.

Volkswagen New Beetle, una cara muy amigable.

Sin embargo, cada vez tiene más importancia para los fabricantes el ofrecer vehículos que resulten “amigables” a la vista. Y sin duda la parte en la que primero nos fijamos en un coche (la mayoría desde luego) es la frontal, en la que ópticas, parrillas y parachoques se muestra como si de una cara se tratase.

El experto en rasgos faciales Dan Hill apuesta por definir hasta 7 expresiones (felicidad, enfado, asco, desprecio, tristeza, miedo o sorpresa) que pueden ser transmitibles también a través del diseño de un vehículo. Esto da, sin duda, mucho juego.

Mazda Sassou, un frontal algo más agudo.

Los fabricantes se afanan actualmente en diseñar frontales con “rostros” orientados según el segmento de ventas. Así en el mundo de los coupés se suelen ver frontales de estilo más agresivo (Serie 1 Coupé, 350z, etc) frente a diseños más “urbanos” (Renault Megane, Opel Corsa, etc). Es decir, el estilo habitual es de mostrar la deportividad y la agilidad mediante el diseño del frontal: modelos más rápidos, frontales más agresivos.

Aunque parezca mentira, pequeños cambios en los diseños frontales de milésimas de metro pueden suponer que el vehículo muestre o provoque una sensación u otra, al igual que lo hace una cara al mostrar una mueca u otra.

Subaru Impreza WRX STi, experiencia agresiva en coche de calle.

Por otra parte, también es cierto que la “familiaridad” juega un gran papel en este asunto. El “tomar” un diseño como conocido hace que resulte, inconscientemente, más agradable. Por eso los cambios de generación en muchos modelos se suelen apreciar como desconocidos e incluso pueden ser repudiados. Eso sí, hasta que se hacen familiares, por eso aparece esa sensación de que “lo anterior estaba mejor”.

Peugeot 306, una gloria ya descatalogada pero personalmente eterna.

A mi personalmente me ha pasado. No dejo de reconocer al Peugeot 306 como uno de mis favoritos. En la siguiente generación con el poco exitoso 307 y en la reciente con el 308 no aprecio una buena sensación transmitida desde el frontal. Reconozco que es más aerodinámico, más seguro, etc y que el diseño del 306 es antiguo pero me resulta más familiar.

En fin, aunque “el frontal sea el espejo del alma del coche”, no deja de ser una elección de cada uno el gusto por el diseño de un coche aunque la influencia que se produce desde el subsconsciente sea tan importante.

Vía: autoblog.com.es

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