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A vueltas con el Impuesto de Lujo para los automóviles, ¿acaso no lo estamos pagando ya?

¿Un automóvil es un bien de lujo? ¿Debería existir un baremo para establecer los criterios que determinan que un automóvil es de lujo? Y como tal en estos tiempos de crisis, ¿debería estar gravado con un impuesto extraordinario? ¿Acaso no estamos pagando ya un impuesto de lujo por su adquisición?

Todas estas preguntas vienen a cuento de una curiosa iniciativa nacida en internet para reclamar el regreso de aquel impuesto de lujo que allá por los años 80 gravaba la adquisición de un vehículo con un 33% de IVA especial, una exageración si lo comparamos con el 18% actual o incluso con el 21% tras el incremento que se producirá próximamente. La idea, que de base es muy loable, pretende aumentar la recaudación de las arcas públicas aumentando la tasa impositiva de productos que podríamos considerar de lujo, tales como automóviles de gama alta, yates, joyas…

Pero les diré que a todas luces se trata de una medida que, además de demagógica, es de base errónea. Y es que no es menos cierto que ya se está pagando ese 33% de IVA especial vigente hasta 1991, y en breve incluso se pagará más.

En los tiempos en que un automóvil era un bien de lujo

Hasta hace dos décadas, al menos fiscalmente, los automóviles eran considerados un bien de lujo.

Un servidor, que es joven, no daba crédito al hecho de que hace tan sólo un par de décadas la tasa de impuestos repercutida sobre los automóviles fuese tan alta. Toda la vida había oído a mi padre mencionar lo costoso que era el llamado impuesto de lujo, pero a día de hoy me resultaría de lo más estrambótico que cualquiera calificase a un automóvil como tal. Está claro que existe el transporte público, la bicicleta, el caballo tirando del carro y si me apuran el burro, pero hay que ser demasiado radical para no darse cuenta que el coche particular es un bien que aporta riqueza a nuestra sociedad y una necesidad para cualquiera que aspire a un trabajo digno y una movilidad razonable.

Como curiosidad decir que el origen de este impuesto se remonta a antes incluso de la transición, en una época en que el régimen instaurado buscaba beneficiarse de las importaciones de automóviles que no dejaban de crecer hasta el punto de convertirse en una de las principales fuentes de ingresos del Estado. Durante una época incluso se gravó con diferentes tarifas según la potencia fiscal. También nos dejó litigios muy sonados allá por los años ochenta por la evasión de impuestos en vehículos todoterreno, dado que por aquella época estos vehículos comenzaron a utilizarse para un uso privado y la pillería española hizo que muchos evitasen pagar el impuesto de lujo ateniéndose a su homologación como vehículo agrícola o industrial.

Pero ahora vayamos al qui de la cuestión. Los promotores de la iniciativa para recuperar el impuesto de lujo no son tan radicales y han preferido centrar su atención en un producto caro y extranjero cuya adquisición no genera riqueza, o no la suficiente, en nuestro país. Y ahora bien, ¿de qué forma determinamos los criterios que convierten a un vehículo en un producto de lujo?

El nuevo lujo es la contaminación, gravada por el Impuesto de Matriculación

Un vehículo de gama alta ya paga un 32.75% en concepto de IVA e Impuesto de Matriculación. Tras la subida del IVA pagará un 35.75%.

Tal vez hace un tiempo el lujo se podía medir por el precio de adquisición de un vehículo, su potencia o incluso su tamaño. Pero desde los acuerdos del Protocolo de Kioto sobre el cambio climático, el mayor lujo para una sociedad industrializada son las emisiones de gases contaminantes. En 2008 se establecía por tanto un nuevo Impuesto de “lujo” que gravaba la matriculación de los vehículos con un variable en tramos de hasta un 14.75%, basado en las emisiones de CO2 homologadas según el ciclo europeo, de cada vehículo.

Así un turismo poco contaminante no pagaría impuesto de matriculación, mientras que cualquiera que superase los 200 g/km de CO2 estaría obligado al pago de un 14.75%, adicional al 18% de IVA actual. Es cierto que cada vez son más los vehículos que por su eficiencia y su reducción de emisiones pagan un impuesto muy bajo de matriculación, no obstante si queríamos un impuesto de lujo que gravase a los automóviles de gama alta, aquí lo tenemos desde hace cuatro años y creanme que existen vehículos que por menos de 50.000€ ya pagan la tasa máxima en su matriculación.

Si queremos matricular un Ferrari 458 Italia tendremos que contar con una cuota de impuestos total del 32.75% (el 14.75% del Impuesto de Matriculación y un 18% de IVA). Eso si no tenemos en cuenta la subida del IVA que hará que los impuestos para este tipo de vehículos extraordinariamente caros, potentes y contaminantes, ascienda hasta el 35.75%, muy superior al 33% de 1991.

No sé como lo verán nuestros lectores. Un servidor cree que el sistema impositivo actual, si no ideal, sí que es uno de los más acertados en tanto grava con más impuestos a los más contaminantes, es acorde con las legislaciones europeas y de otros países occidentales y al menos ha conseguido que los fabricantes se preocupen por hacer que sus vehículos sean más eficientes y ahorradores.

Fuente: Change.org | Menéame | Hemeroteca de El País | El Periódico En Diariomotor: Impuesto de Matriculación y emisiones contaminantes, ¿es necesaria otra reforma?