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'Están locos estos canadienses' y por qué el WRC debería fijarse en ellos

Iván Fernández | 18 Feb 2016
patrick-richard-crc-2010
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Hace unos días, Canadá apareció como posible destino del Mundial de Rallyes. La delicada situación económica del Rally de Suecia llegó a colocar a los norteamericanos como una alternativa portente a la cita escandinava, la cual estaba a punto de recibir una estocada mortal debido al invierno tan suave que estábamos teniendo hasta hace una semana. A pesar de la renovación por tres años del contrato con Suecia, Oliver Ciesla, promotor del WRC, ha dejado claro que hay hueco para otra cita invernal, lo que hace que tanto los canadienses como Japón sean todavía candidatos.

A Japón ya la conocemos de su anterior paso por el Mundial, pero Canadá es un mundo nuevo. El Campeonato Nacional no cuenta ni con grandes máquinas (mayoritariamente coches de producción) ni con grandes nombres, pero siempre nos han dejado ejemplos de competición pura y dura. El primero de ellos fue en 2010, cuando Patrick Richard y su copiloto Alan Ockwell se encontraban liderando el Baie des Chaleurs con más de tres minutos de ventaja sobre Leo Urlichich cuando un vuelco a pocos metros del final ponía en serio riesgo su victoria.

Richard no lo dudaba ni un solo momento y se bajaba del Subaru que descansaba acostado sobre uno de sus laterales. Junto a un grupo de fornidos aficionados, el piloto canadiense conseguía poner de nuevo sobre las cuatro ruedas el Impreza y se lanzaba a alcanzar la meta todavía con el parabrisas medio arrancado y con prácticamente nula visibilidad. A pesar del vuelco, Patrick llegaba a meta con casi un minuto de ventaja sobre Leo y con Patrick únicamente pudiendo pedirle perdón a sus compañeros mientras no sabía todavía cómo asimilar todos los acontecimientos ocurridos.

Dos años después, en el Rally Perce-Neige, sería el propio Ulrichich, apodado cariñosamente como ‘Crazy Leo’, el que nos dejaba una buena muestra de la incansable moral de los canadienses. Ni en el CRC, ni en Rally America se permite montar neumáticos con clavos para no dañar el asfalto de las carreteras, lo que hace que los participantes tengan que afrontar las especiales con unos neumáticos compromiso para tierra. Una larga recta de hielo y nieve y una fuerte frenada. Dos ingredientes perfectos para perder el control de coche a gran velocidad.

En otro caso, el Subaru de Leo (que años más tarde probaría suerte en la WRC Academy sin grandes resultados) hubiera terminado entre la nieve sin demasiados daños, pero en este, el impacto a gran velocidad de la trasera contra un poste dejaba muy dañado el Subaru Impreza WRX STi. Cuando consiguieron recuperar algo de visibilidad, su copiloto le animó a continuar para llegar finalmente al ansiado premio: segundos a pesar de llegar con el modelo de las estrellas seriamente perjudicado.

Obviamente, llevar el Mundial de Rallyes a Norteamérica, más allá de México, supondría llegar a un público habitual de los deportes extremos y de las competiciones de invierno, dos características en las que el WRC podría encajar perfectamente. Sin embargo, más difícil de resolver sería el tema de neumáticos, ya que dudo que la FIA estuviera dispuesta a permitir correr a los pilotos sin clavos sobre la nieve. Hasta entonces, podemos seguir admirando a los valerosos canadienses y sus espectaculares épicas.