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Treinta años sin Grupo B: hora de pasar página

Iván Fernández | 29 Dic 2016
Grupo-B-30-años-despues-1986-2016 (1)
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No nos engañemos, será imposible que regresen los tiempos de los Grupo 4 o de los Gr.B en el Mundial de Rallyes, de los monoplazas de los 70 y 80 en la Fórmula 1 o de los añorados y siempre espectaculares vehículos del DTM de la década de los noventa. Será imposible, porque a pesar de que los órganos legisladores han intentado recuperar parte de esa magia durante los últimos años, ha sido imposible replicar unas reglas que no van acordes a la etapa que nos está tocando vivir. Por ello, es hora de pasar página.

Las tecnologías avanzan, la forma de entender la vida ha cambiado mucho de un tiempo a esta parte y ya nadie se imagina haciendo las cosas como se hacían hace una década. Incluso los más inmovilistas se están viendo obligados a adaptarse, a seguir en parte el ritmo al que gira el planeta. Obviamente, esta filosofía tiene sus pros y sus contras, tanto en el mundo en general, como en el automovilismo en particular. ¿Por qué este discurso cargado de nostalgia? Porque hoy, 30 años después, es el momento de volver a hablar de los Grupo B.

Los futuros WRC 2017 serán mucho más rápidos que los Grupo B, los cuales sufrieron un problema de concepto

Aunque muchos no lo viviéramos, las fechas han quedado marcadas en nuestras retinas de la misma forma que su sonido ha traspasado los apenas cientos de minutos de película que sobreviven a aquella época. Es un bramido desgarrador, como también lo fue una época en la que se tuvo que decir adiós a algunos, siempre demasiados, aunque incluso fueron menos que los que se llevó la siguiente generación. No fue únicamente responsabilidad de aquellas bestias que muchas vidas y familias quedaran sesgadas, también lo fue la inconsciencia del público, la construcción de esos coches y el que los responsables de marcas y federación no vieran el peligro hasta que fue demasiado tarde.

Ya hubo algunos avisos en forma de colisión lateral contra un árbol de Marc Surer en el Rallye de Alemania que se cobró la vida de su copiloto o la fuerte salida de pista sufrida por Ari Vatanen en el Rally de Argentina que le dejaría en el dique seco hasta 1987. Muchas fueron las señales, pero pocos (de los que mandaban por aquel entonces) las quisieron oír.

Y es que hasta que los accidentes de Attilio Bettega, Henri Toivonen y el fatídico Rally de Portugal de 1986 terminaran por precipitar la decisión caciquesca de Jean-Marie Balestre (ese ex-agente infiltrado en las SS vestido de máximo responsable de la FISA), todos estaban de acuerdo en que la normativa técnica de los añorados Grupo B iba a cumplir el ya famoso término de ciclo reglamentario, que los mantendría vivos entre 1982 y 1987, último año antes de que entrasen unos nuevos prototipos limitados a 300 CV y que fueron denominados como Grupo S, modelos que nunca llegaron a competir.

Los Grupo B nacieron para dar un soplo de aire fresco a los rallyes, como una medida inevitable tras ver que modelos como el Lancia Stratos era un coche de competición homologado para la calle. Crecieron como unos coches demasiados adelantados a su época, tal vez no en el sentido de ser demasiado rápidos (buena muestra de ello es que los Grupo A no tardarían en igualar e incluso superar las velocidades medias en tramos del Rally de Finlandia en menos de cinco años), pero sin duda no eran lo suficientemente seguros, ni para los irresponsables espectadores, ni para pilotos y copilotos. Y finalmente desaparecieron siendo para unos, los mejores coches de rallyes de la historia y para otros, unos asesinos que sembraron el pánico por medio mundo.

En aquel tumultuoso final de hace treinta años, los fabricantes votaron prácticamente en pleno que querían que los Gr.B continuaran un año más (tal vez preocupados al no poder justificar las inversiones realizadas a final de 1985 para evolucionar los coches), eso sí, aplicando las medidas de seguridad que se estimaran convenientes y que los pilotos ya habían pedido meses antes, pero continuando al final de cuentas. Ellos estaban seguros de que el problema no estaba en el elevado rendimiento de las máquinas o que los pilotos fueran por encima de sus propios límites a su volante, sino que había un error de concepción.

Buena muestra de ello es que, en las votaciones, 19 de los equipos oficiales presentes (24 en total), votaron en contra de abolir los Grupo B, mientras que sólo 5 lo hicieron a favor, entre ellas, las cuatro marcas italianas -FIAT, Alfa Romeo, Lancia y Ferrari- además de Ford. Balestre no estaba dispuesto a escuchar otras versiones, posiblemente todavía le duraba el cabreo por el plante de los pilotos en el Hotel de Estoril, con aquella famosa reunión tras el atropello masivo provocado por la salida de pista de Joaquim Santos. No había esperanzas de vida para los Grupo B, o al menos de una despedida digna y tampoco habría lugar para una reglamentación Gr. S que a buen seguro no hubiera cambiado.

Si se mira fríamente, sí, se tomó la decisión correcta. Vuelvo a repetir, no porque fueran ‘too fast to race’, sino porque habían sido concebidos erróneamente, con medidas de seguridad que no se asemejan afortunadamente en nada a la de los WRC actuales, con la posición de los depósitos de gasolina en lugares inadecuados y con unos aficionados que no parecían conscientes del peligro que suponía acariciar el pitón del toro con las manos. Y se hizo de manera tajante, porque estoy seguro que los Grupo S, a pesar de esa limitación de potencia, hubieran repetido los mismos errores del pasado. En cuanto a la irresponsabilidad de los que ejercemos nuestra labor y obligaciones como espectadores, ha quedado demostrado que treinta años después, seguimos cometiendo los mismos estúpidos errores.

Duraron poco más de tres años, pero han conseguido ser recordados durante más de tres décadas y aún, a día de hoy, en plena era de la tecnología siguen despertando la curiosidad y la pasión de aquellos que ni tan siquiera pudimos verlos competir en directo. Son ese Elvis, Mozart, Freddie Mercury, Marilyn Monroe que nos dejaron con una pequeña gran muestra de su talento y que a muchos les hace preguntarse cada día: “¿Qué hubiera pasado si…?”. En este caso la pregunta para mi es; ¿Qué hubiera pasado si los Grupo B se hubieran construido adecuadamente, a la altura de las necesidades de estas bestias? La respuesta parece sencilla, al menos para mí, hubieran dejado de ser Grupo B.