¿Cómo era la Subida a Pikes Peak hace sesenta años?

 |  @fernischumi  | 

Ha comenzado dura la edición de la Subida a Pikes Peak de este año. La carrera cercana a Colorado Springs, en Colorado, ha mostrado este año la dificultad de unas temperaturas más bajas que a las que solemos estar acostumbrados, además de mucha nieve en las cotas más altas e incluso niebla, la cual ha obligado a interrumpir los entrenamientos de la jornada del viernes cuando apenas se llevaban disputadas dos pasadas. Los pilotos deberán afrontar el domingo un itinerario casi diabólico de 20 kilómetros con las pocas referencias que hayan podido acumular durante estos días y con la certeza de que el agarre puede cambiar en cada una de las 156 curvas que conforman el recorrido.

La carrera sigue siendo un reto muy difícil para los participantes, todo ello a pesar de que la decisión de asfaltarlo por peligro a que la montaña se erosionara demasiado, cambió la forma de entender por completo la carrera, eliminó variables, tanto a la hora de pilotar cada uno de los coches, como a la hora de crearlos. Ahora son coches cercanos a lo que nos podemos encontrar en una subida de montaña, e incluso a variantes de LMP3 potenciadas para poder llegar a la cima con el resuello suficiente para no desfallecer en el intento.

¿Quién tuvo la idea de hacer esta desquiciada prueba por primera vez? Spencer Penrose fue el primero que se imaginó una carrera por los caminos de tierra que llevaban hasta la cumbre del Pikes Peak, a 4.300 metros de altura. Sería en 1916 cuando se organizó la primera de las 94 ediciones disputadas hasta el momento, 95 si tenemos en cuenta la que se disputará este próximo domingo. En aquellos tiempos, se empleaba más de 20 minutos para completar el recorrido y no sería hasta 2011 que Nobuhiro Tajima, ya con la subida parcialmente asfaltada y acompañado de su icónico Suzuki SX5, conseguiría bajar de la barrera de los 10 minutos por apenas nueve segundos.

Sólo dos años más tarde, Pikes Peak estaba completamente asfalto y esto permitió que Peugeot y Red Bull dieran a luz al espectacular 208 T16 PPIHC, cuyo primer piloto iba a ser Paolo Andreucci y que finalmente terminó deparando el récord de Sébastien Loeb. 8 minutos y 13,878 segundos, ese es el tiempo que invirtió el alsaciano en pasar junto al comisario del jersey a juego de sus dos banderas a cuadros. Es cierto que la OnBoard no llegó a demostrar lo rápido que se fue en algunos momentos, sin embargo, año tras año las actuaciones de sus rivales demuestran que su tiempo tardará en ser batido.

¿Cómo era la carrera hace sesenta años? Pues nos encontrábamos obviamente con una carrera que se disputaba 100% sobre tierra, en la que los Open Wheels se encontraban por encima de los 14 minutos (las categorías Open y Unlimited no surgirían hasta los ochenta), con unos monoplazas, muy cercanos a los de Grand Prix que rodaban en los límites de la pista y con unas reacciones que mantenían a todos los espectadores con el corazón en un puño. Paralelamente, competían los Stock Cars, con los potentes V8 de Ford, Chevrolet, Plymouth, Mercury o Pontiac lanzándose a toda velocidad. Una auténtica locura….

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