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Control Stop. La vida sigue igual… ¿o no?

Ha pasado la primera prueba de la temporada 2017 del Mundial de Rallyes y la impresión es que todo sigue igual si sólo nos fijamos en el ganador. Y es que tal y como recordaba Luis Moya el pasado domingo, el Rallye de Monte-Carlo es una lotería, pero no para todos, tal y como demuestran las rachas victorias de los pilotos franceses durante los últimos quince años. Primero Loeb y ahora Ogier, han dominado una de las pruebas más difíciles y carismáticas del calendario.

Obviamente no es casualidad. La cita monegasca no perdona errores y además implica tener muchos factores en cuenta, entre ellos la meteorología y la necesidad de tener siempre una monta de neumáticos adecuada o suficientemente buena para no dejarte todas tus opciones en un tramo. Eso precisamente lo pudimos ver en el Power Stage, en el momento que una pequeña nevada que algunos equipos ya preveían, hizo acto de aparición cuando únicamente Juho Hänninen y Thierry Neuville habían terminado el tramo.

Sin embargo, la referencia en este rally no fue el piloto oriundo de Gap. Thierry Neuville llevó el peso de la carrera, e incluso resistió el ataque de orgullo que le dio a Ogier el viernes por la tarde. El francés, es uno de los pilotos que menos ha rodado con su nueva montura y esto reducía claramente sus opciones de debutar con victoria en M-Sport. Pero en Monte-Carlo es muy complicado seguir un guion, buena muestra de ello es que un pequeño toque que en otro caso hubiera supuesto un simple pinchazo, arruinó por completo el trabajo de Neuville y del equipo Hyundai con la rotura de la suspensión trasera derecha.

Aun así, Ogier supo mantener la calma, en una buena muestra de que en su fichaje por M-Sport no busca únicamente victorias, sino explotar su regularidad para conseguir su quinto título mundial de pilotos, el primero con una marca distinta a la que le ha acompañado durante los últimos cuatro años, algo que no hizo Sébastien Loeb. Su triunfo rompe la racha de cuatro años sin victoria por parte de M-Sport, desde el Rally de Gales de 2012. Cincuenta y cinco rallyes sin conocer el triunfo eran ya demasiados para uno de los equipos históricos de la disciplina.

Sin embargo, el fichaje de Ogier ha demostrado no ser el único acierto de Malcolm Wilson este invierno. El británico fue criticado por dejar fuera del equipo a Ott Tänak y Elfyn Evans en 2016, pero el tiempo le ha dado la razón. Este año lejos del volante oficial parece haberle dado esa agresividad y hambre que necesitaban tanto el estonio como el galés. Ambos demostraron ser capaces de hacer buenos tiempos (Evans sumó tantos scratchs como Ogier, tres) y la bajada de Turini de Tänak costará mucho olvidarla. Verle de nuevo entre lágrimas a muchos nos recordó el Rally de Polonia, sin embargo, en esta ocasión eran de tensión y frustración tras cumplir el objetivo. Esperemos que la próxima vez sean de velocidad y veremos si no se le sube a las barbas al jefe de filas.

Toyota también cumplió con los objetivos a pesar de que Jari-Matti Latvala se quedó a dos minutos y quince segundos del ganador final. Los japoneses demostraron ser fiables en estas condiciones, e incluso Juho Hänninen dejó algún crono interesante. Obviamente no se puede valorar el rendimiento real del Yaris WRC, pero se puede calificar de gran éxito el debutar con un podio. Son el único fabricante que no ha sumado al menos un scratch en el Rallye de Monte-Carlo y aun así son el segundo en la general de marcas.

Craig Breen y Dani Sordo pusieron la de cal y la de arena. El cántabro no ocultó en ningún momento que no se encontraba cómodo. A pesar de ello, llevó el coche ‘a casa’ y aunque le costó más que nunca conseguir un scratch en Monte-Carlo, un terreno que se le suele dar bastante bien cuanto más grip hay, sumó unos valiosísimos puntos del cuarto puesto para el equipo después de la debacle sufrida por sus compañeros. Breen por su parte puso la nota de color al volante del viejo Citroën DS3 WRC. El irlandés estuvo en muchos tramos por delante de varios World Rally Cars 2017 y muchos lo observarán detenidamente en Suecia, rally en el que ya sí estará con el C3 WRC.

Especialmente estará muy atento Yves Matton. El fin de semana de Citroën no ha sido el mejor. Tres abandonos en cuatro días y el scratch de Stéphane Lefebvre el domingo como único consuelo. Estaban llamados a ser los rivales a batir y de nuevo las circunstancias especiales de Monte-Carlo no nos dejaron ver su verdadero potencial. Incluso llegaron a parecer demasiado frágiles. Habrá que esperar hasta que jueguen en casa, en el Tour de Corse, para sacar conclusiones fiables.

En las categorías teloneras, Andreas Mikkelsen demostró que debe volver a un World Rally Car cuanto antes. El noruego venció con facilidad a sus rivales, entre ellos Jan Kopecky y Pontus Tidemand, los cuales conocen a la perfección el Skoda Fabia R5. Veremos qué jefe de equipo es el primero que recurre a él, aunque viendo que Esapekka Lappi sigue sin estar confirmado por Toyota como tercer piloto, no se puede descartar que Tommi Mäkinen llame a su puerta en las próximas semanas. El que tiene que centrarse en su futuro con Hyundai en el Campeonato de España es Surhayen Pernía. El cántabro no consiguió la victoria, pero al menos se quedó con el buen sabor de boca de verse entre los mejores tiempos en WRC3 y encabezando la final de la Clio R3T hasta su pequeña salida.

Desde aquí agradecer a Nacho Mateo que nos haya cedido sus imágenes del Rallye de Monte-Carlo 2017 para compartirlas con todos vosotros.

Foto de Iván Fernández

Iván Fernández

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