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El World RX y su paso precipitado hacia una era eléctrica

Iván Fernández | 25 Feb 2018
rallycross_electricos_precipitados_2018_fia_3
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La tecnología de propulsión eléctrica se ha ido haciendo un hueco poco a poco dentro de la industria del automóvil, no sólo de producción, sino también en las carreras. Durante estas últimas semanas hemos tenido dos grandes ejemplos en este sentido, especialmente dentro del marco del Moto GP, campeonato que ha apostado por dar algo de visibilidad a unos sistemas que en el caso de las dos ruedas todavía tienen mucho camino por recorrer a pesar de que comenzaron con dicha andadura incluso antes que el resto de los vehículos cuatro ruedas. Sin embargo, Dorna decidió dar el paso, adaptándose a los tiempos y poniendo bajo su cúpula un campeonato de eléctricas que se sumen a un ya de por sí gran oferta deportiva con Moto2, Moto3 y la Red Bull Rookies Cup.

El segundo ejemplo ha sido mucho más radical y ha llegado de la mano del World RX. Si hay un sonido que encandila nada más acercarte a un circuito, ese es sin duda el de un motor 2.0 turbo vociferando a pleno pulmón. Ese ha sido precisamente uno de los secretos del éxito reciente de la disciplina del rallycross, su pureza y desmesurada potencia ha significado un reducto para aquellos puristas que buscaban el puerta con puerta de los circuitos y ese sonido y fiereza de los vehículos que encandilaron a los aficionados en la década de los ochenta.

La llegada de IMG significó una nueva era para el campeonato, hasta entonces continental. Con el visto bueno por parte de la FIA para la creación del Mundial de RallyCross y con la llegada de los primeros grandes nombres que se unían a pilotos experimentados en la disciplina, el campeonato comenzó a crecer, en este caso con el apoyo de Monster Energy y con un formato que se adaptaba a la perfección a lo que todo el mundo buscaba en una tarde del domingo: carreras cortas, con grandes nombres, derrapes, saltos y contactos. En nuestras pantallas podíamos gozar en apenas hora y media de más acción de la que se podía ver durante todo un fin de semana de Gran Premio de Fórmula 1.

A pesar de tratarse de un tipo de carreras con más de medio siglo de edad, han sido los jóvenes aficionados los que han terminado por impulsar su popularidad, así como la era de internet y la llegada de las firmas de bebidas energéticas que han realizado las labores de patrocinadores principales de campeonatos como el GRC o el World RX que se adaptan a la perfección a la estrategia de marketing de las respectivas multinacionales. Sin duda tiene todos los requisitos para captar la atención de un ‘público’ al que no siempre es sencillo llegar por métodos tradicionales tal y como demuestra la captación de influencers y youtubers durante los últimos años.

Las marcas buscan en el World RX un campeonato con el que llevar a los jóvenes sus futuros modelos eléctricos.

Todas estas circunstancias que rodean al Mundial de RallyCross han hecho que los fabricantes se hayan fijado en él, determinando que ese caldo de cultivo podía ser el perfecto para desarrollar una competición de vehículos eléctricos que por fin interesara al gran público una vez visto que la Fórmula E sigue sin despegar en términos de audiencia y de espectáculo.

Mientras que el GRC ha preferido realizar una adaptación gradual en un campeonato que dista mucho de llegar a la popularidad del World RX, las series gestionadas por IMG y la FIA han pisado el acelerador, en gran parte exigidas por unas marcas que buscaban un lugar en el que exhibir no sólo su tecnología de propulsión eléctrica, sino también los modelos que la llevarán, algo que en el campeonato de Alejandro Agag no tienen oportunidad de hacer.

Decisión influenciada por las marcas:

Las presiones han llevado sin duda al mayor representante del rallycross mundial a dar un salto que la lógica no recomienda. Lejos de ser un campeonato bien asentado y con equipos oficiales interesados en el mismo, las bases se pueden volver quebradizas ante un movimiento inadecuado y sin duda, el paso directo a los eléctricos (estamos hablando de que sólo quedan dos temporadas de los Supercars de combustión interna como la referencia) puede cortar por completo esa evolución sostenida que ha tenido el World RX durante los últimos cuatro años.

Ya han tenido los primeros avisos durante 2017, cuando además de la reducción de equipos privados, muchos de ellos optando por el más económico y viable Euro RX, la continuidad en entredicho de formaciones como EKS RX o Peugeot-Hansen (además de la marcha de Ford Performance) ha hecho tambalear al campeonato, obligando a la FIA a tomar medidas y crear un primer filtro de control de costos que calme la ansiedad de los equipos no-Volkswagen.

El tiempo lo dirá, pero si hubiera que hacer una apuesta en estos momentos, hubiera dicho que crear una categoría intermedia, aprovechando la desaparición de los Touring Cars después de este año y una supresión de los S1600 (reglamento obsoleto, cuya filosofía de vehículos de tracción delantera ya no se adapta a la pirámide del Mundial), hubiera sido el paso correcto. Esa ha sido precisamente la opción de Moto GP y la del Global RallyCross Championship.

Un paso precipitado, una decisión influenciada por la presión de las marcas en un campeonato que puede no estar preparado para ello. Todo ello, teniendo además en cuenta que la industria sigue sin tener claro que los eléctricos puros vayan a ser al 100% la tecnología preponderante del futuro.