Ha sido una de las imágenes de la mañana. El Gran Premio de Bahréin posponía su arranque después de lo que parecía ser un fallo múltiple en la electrónica de los Fórmula 1. La instantánea era dantesca. Los monoplazas más evolucionados del planeta, equipados con unidades de potencia de 50:50 alimentadas por combustible sostenible, se quedaban parados en medio de la vuelta de formación del Circuito de Sepang y nadie conseguía explicar nada.
El descontrol fue tal que, Max Verstappen, que había sido uno de los pilotos que habían reportado falta de potencia, fue capaz finalmente de acelerar y de hacer una vuelta hasta alcanzar la cola del pelotón, desatando aún más el caos y obligando a la dirección de carrera a sacar la bandera roja.
La duda seguía estando en el aire. Tras un nuevo impasse que se hizo eterno (la vuelta formación ya empezó 40 minutos más tarde de la hora prevista), de nuevo los coches salieron a la pista y pudieron completar las 55 vueltas a las que estaba programada la carrera, pero para entonces la duda seguía estando en el aire. Fue la FIA, en palabras de su director de monoplazas de la FIA, Nikolas Tombazis, la que confirmaría a que se debió el fallo masivo producido según sus primeras investigaciones a la vez que pedía disculpas a los aficionados por lo sucedido.
Se produjo una especie de efecto acordeón entre los coches y algunos casi se detuvieron por completo. Ese fallo impidió que se restableciera la energía y que los coches volvieran a arrancar. Si hubiéramos realizado más pruebas, probablemente habríamos logrado detectarlo a tiempo y evitar esta situación. Una vez que surgió el problema, nuestros chicos se dieron cuenta muy rápidamente de lo que estaba pasando y tuvieron que trabajar bajo mucha presión de tiempo para actualizar el software, que se distribuyó a los equipos, y los equipos tuvieron que instalarlo en sus coches. Todo eso duró unos 20 minutos. Para los espectadores que esperaban la carrera, y para todos los demás, puede que hayan parecido cinco horas, lo cual es comprensible. Lamentamos lo sucedido, pero creo que fue una reacción bastante rápida dado el problema – Nikolas Tombazis
De nuevo, el software fue el responsable de una lectura errónea, en este caso derivada del ritmo tan lento al que estaban rodando los monoplazas en condiciones de lluvia, una problemática que parece ya repetitiva con los actuales coches y que, sin ir más lejos, también provocó el accidente de Valtteri Bottas en Bakú.
Comunicado oficial de la FIA – 4 de octubre de 2026:
En la vuelta de formación previa al Gran Premio de Bahréin en Malasia, una combinación sin precedentes de baja velocidad del motor, condiciones de bajo agarre, ajustes de gestión de energía para clima mojado y la configuración de sector del Circuito de Sepang provocó una pérdida de potencia involuntaria para varios coches.
Como resultado, el departamento técnico de la FIA eliminó la restricción del límite de energía en los sectores afectados mediante una actualización de software distribuida a todos los competidores durante el retraso de la carrera causado por la fuerte lluvia, lo que permitió a los equipos realizar los cambios necesarios en la unidad de potencia antes del comienzo de la carrera.
Este problema no había sido detectado por la FIA, ni por los equipos durante las pruebas ni durante las vueltas hasta la parrilla. La FIA, junto con los equipos y los fabricantes de unidades de potencia, realizará una revisión completa del problema.








