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Opinión
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Metamorfosis

El automovilismo es un deporte que cuenta con millones de seguidores en el mundo y la Fórmula 1 es su cima, es la disciplina que ostenta el máximo nivel en todo y que por lo tanto requiere de la mayor inversión para evolucionar constantemente. Se le considera un deporte porque ganar depende de la destreza y del esfuerzo físico de un piloto que debe entrenarse con frecuencia para ser superior a sus rivales. En este punto resulta innegable que el aporte del piloto es muy importante, por más que se intente vender la idea de que en la Fórmula 1 es el monoplaza y el equipo el que hace casi todo el trabajo. Como deporte, la Fórmula 1 experimenta cambios, al igual que la industria automotriz y la tecnológica, por tal razón, los seguidores también deben adaptarse y actualizarse porque el tiempo no transcurre hacia atrás.

La Fórmula 1 moderna es muy distinta a aquella que llegó a ser muy popular y que ahora permanece en los recuerdos de quienes la vivieron con intensidad. En este nuevo ciclo, la empresa estadounidense Liberty Media está al frente de los derechos comerciales y anuncia muchos cambios a partir de la temporada de 2021. Ahora mismo, se advierte que la transmisión de las carreras es como la de cualquier deporte de élite, es decir se le otorga prioridad al sistema de pago y al internet, ambas opciones no estaban disponibles cuando la Fórmula 1 llegó a ser el deporte anual con más seguidores en el mundo. Acá es obvio que Liberty Media no va a aproximar su producto hasta las personas que reniegan del avance de la tecnología, no les atrae el internet o simplemente no les interesa invertir dinero para suscribirse a una operadora de televisión por cable que ofrezca las carreras.

A estas alturas del juego, todos los factores que hacen vida en la Fórmula 1 están al tanto de los alcances del nuevo Pacto de La Concordia que va a establecer Liberty Media. Se entiende que en todos los casos, el rendimiento de cada inversión estará en paralelo con su riesgo, si es poco el aporte, es poco lo que se va a ganar, o tal vez se pierda. En tal sentido, Mercedes, Ferrari, Honda, McLaren y Renault parece que están conscientes de lo que representa la vitrina de la Fórmula 1 para sus intereses como fabricantes de coches comerciales, al igual que los representantes de Aston Martin y de Alfa Romeo, que también se benefician de la promoción que concede la categoría; así que las inversiones van a ir en ascenso porque seguramente el retorno será igual de atractivo para el negocio. Por supuesto que de alguna parte va a salir el dinero para tener a todos contentos y comprometidos con la Fórmula 1 durante varios años, pero no será del patrimonio de Liberty Media.

Por estricta lógica, si un deporte profesional no genera suficientes ingresos, no se podrá sostener y en este caso la Fórmula 1 requiere de una gigantesca inversión para garantizar la actividad de su importante fuente de empleo y de riqueza. Y es que la Fórmula 1 no es solamente un piloto, hay miles de personas trabajando en los equipos a las que se suman el personal de los proveedores y de los medios de comunicación. También de forma indirecta cada gran premio se traduce en beneficios económicos, sociales y culturales debido a la cantidad de turistas que suelen desplazarse para observar la acción en los circuitos. Se trata entonces de hacer avanzar a una gran industria que genera empleos y oportunidades, no únicamente para pilotos, sino también para todo un universo de personas y empresas, de allí que si no fuera un negocio rentable, no existiría tanto interés por ingresar y quedarse.

En otra época, los empresarios del tabaco prácticamente hacían la promoción, mantenían a los equipos y organizaban la Fórmula 1, es decir eran más que patrocinadores. En ese caso, el público se podía identificar con cada escudería mediante los productos, la publicidad o la mercadería. Pero se debe aceptar que todo aquello quedó atrás, ahora hay otros patrocinadores que orientan sus estrategias a una parcela muy particular del gran público. La inversión permanece allí pero ahora la publicidad va dirigida a personas con alto poder adquisitivo interesadas en pagar por lujos.

La prohibición de la publicidad del tabaco dejó muy mal parada a la Fórmula 1 porque les quitó su principal fuente de promoción y financiamiento, justamente una ley europea afectó directamente a un deporte que estaba en gran medida radicado en Europa. Si bien todavía las escuderías tienen sus fábricas en Inglaterra, con excepción de Ferrari, Toro Rosso y Alfa Romeo, lo cierto es que Bernie Ecclestone fue capaz de desprender a la Fórmula 1 de suelo europeo y trasladarla a mercados emergentes donde el dinero se gasta a manos llenas, donde no hay tantas restricciones y los promotores no regatean a la hora de pagar lo que exija la organización. Es esa imagen de los circuitos faraónicos, de los patrocinadores exóticos y del estilo de vida ostentoso lo que se ha vendido en los últimos años y lo que ha asegurado que esta Fórmula 1 se mantenga en la cima del automovilismo, en ese prestigioso lugar donde muchos quieren estar.

Sin embargo, Bernie Ecclestone no pudo mantener su producto alejado de internet, simplemente claudicó ante el medio de comunicación más importante de este siglo, cuya influencia ha hecho que bajen las audiencias televisivas por la sencilla razón de que ahora el seguidor de la Fórmula 1 tiene múltiples opciones para enterarse diariamente, y a cualquier hora, de lo que acontece en su deporte favorito. De esta forma, las grandes expectativas que solían generarse en torno a la Fórmula 1 antes de la llegada del internet se han desvanecido para transformarse en un fenómeno diferente. Es entonces cuando aparece Liberty Media a hacerse cargo de un producto cuyas características están muy bien definidas en cuanto a su comercialización. Lejos quedó la Fórmula 1 diseñada para consumo mayormente europeo, esa sucumbió para globalizarse, extenderse desde Asia hasta América, allí donde se han establecido los más poderosos mercados.

En la constante búsqueda de más dinero para mantener a todos los involucrados comprometidos, es complicado pensar que la Fórmula 1 retornará a señales abiertas, a transmitir en vivo gratis y con publicidad. Esa visión popular y romántica agoniza debido a que la misma modernidad empuja al público hacia el internet y a la televisión por cable, parcelas que Liberty Media intenta explotar con fuerzas para rentabilizar su inversión. Y es que pagar por observar deportes es parte de la cotidianidad en los Estados Unidos y no se puede criticar a Liberty Media por adherirse a la dinámica que impera en sus predios, aunque la Fórmula 1 sea global y por lo tanto se distribuya a distintos mercados en el mundo. Acá se debe estar claros que la audiencia europea representa solamente una parcela y no el mundo entero. En tal sentido, suele existir mucha distorsión de criterios cuando se indica que los índices han bajado en tal o cual país de Europa y ello significa que la Fórmula 1 ahora no la observa tanta gente.

Mientras ese pensar egocéntrico se exterioriza, la Fórmula 1 se pasea por Australia, Bahrein, China, Abu Dhabi,Singapur, Vietnam Azerbaiyán, Japón, Rusia, Canadá, México, Brasil y Estados Unidos, antes también desembarcó en Malasia, India, Turquía y Corea del Sur. Si la Fórmula 1 supuestamente experimenta un declive de interés, cómo es posible diseñar actualmente un calendario con tantas fechas y además se señale que podría ampliarse, por allí está Arabia Saudita buscando sitio, hasta establecer cifras récords de grandes premios en una temporada.

Se distingue además que hasta la misma organización de la Fórmula 1 está siendo patrocinada, situación que evita negociar la promoción con cada país que organiza un gran premio, de allí que en cada carrera se observen las mismas firmas comerciales exhibiéndose a través de las pantallas. Es evidente entonces que para poder percibir más ingresos, Liberty Media garantiza una exclusividad que otorga a sus inversionistas particulares y por supuesto esa inyección de recursos persigue instalar tales empresas o distribuir sus productos en mercados donde circula mucho dinero.

Acá es obvio que las más importantes empresas privadas involucradas en el gran negocio son las escuderías oficiales, las cuales han sabido canalizar el entusiasmo que se siente por las actuales unidades de potencia para vender muchos de sus coches comerciales. Así que la misma dinámica de la categoría se encargó de sepultar a los garajistas y a los proveedores de motores económicos que mantuvieron con vida a la Fórmula 1 desde sus inicios hasta poco antes de comenzar la era híbrida.

La Fórmula 1 viene experimentando desde hace algunos años un proceso de cambio hasta convertirse en un gran negocio deportivo donde la recaudación del dinero no depende directamente de las entradas a los circuitos, acá se ha establecido un conjunto de relaciones muy complejas donde se genera dinero desde varias fuentes y donde cada victoria representa un objetivo empresarial. Se entiende que esta visión del deporte luce distinta, que tal vez le ha restado humanidad porque no pueden ganar todos los participantes, que las victorias se las reparten unos pocos privilegiados y que por tal razón no se disfruta igual que antes. Pero es que justamente no es la Fórmula 1 de antes.

Con la certeza de que grandes empresas multinacionales invierten en la Fórmula 1 para promocionarse, y además desarrollar su propia tecnología, se puede inferir entonces que una victoria de Mercedes AMG, Ferrari o Red Bull Racing resultará más rentable para la organización de la categoría porque son los equipos que más invierten. Así la tendencia resulte contraproducente para el espectáculo y el deporte en general, la presencia y el progreso de tales estructuras ha logrado que el resto de participantes permanezca y avance. Acá la eficiencia y el factor empresarial ha desplazado a cualquier pasión individual.

Sin duda, esta Fórmula 1 posee muchas virtudes y entre ellas destaca que los mejores equipos tienen programas para jóvenes pilotos. Esto significa que han creado mejores condiciones para la práctica organizada y masificada del automovilismo, algo que hasta hace pocos años no existía. Esa constante búsqueda y preparación, tanto física como psicológica, de nuevos talentos es un aspecto positivo desde cualquier perspectiva y cuestionar los resultados de tales iniciativas es absurdo.

La Fórmula 1 actual sigue siendo un gran deporte, continúa presentando la confrontación entre los mejores pilotos del mundo al volante de las más impresionantes y avanzadas máquinas. A estas alturas no vale la pena idealizar una Fórmula 1 que nunca existió o que jamás regresará; se debe aceptar lo que sucede y disfrutarlo en su justa magnitud puesto que los mismos valores deportivos de siempre han permanecido vigentes.

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