Estados Unidos quiere abaratar sus coches y para ello está preparando una importante rebaja de sus objetivos de eficiencia y consumos, con el objetivo de hacer coches más sencillos y baratos de fabricar. La Administración Trump calcula que podría ahorrarle casi 1.000 dólares al comprador, pero a cambio, los conductores consumirían unos 360.000 millones de litros adicionales de gasolina hasta 2050.
EE.UU quiere hacer coches más gastones, pero más baratos
- El objetivo de consumo medio previsto para 2031 pasaría de 4,7 a 6,8 l/100 km
- Los 930 dólares son un ahorro estimado en tecnología de fabricación
- La propia NHTSA calcula un gasto adicional en combustible de hasta 185.400 millones de dólares
- La norma definitiva todavía no se ha publicado y sus cifras pueden cambiar
El Gobierno estadounidense ha confirmado que anunciará próximamente la regulación definitiva. Por ahora, el texto vigente es una propuesta, denominada SAFE III, que revisa los objetivos de consumo aplicables a turismos y vehículos comerciales ligeros entre los años modelo 2022 y 2031.
El cambio no obligaría a los fabricantes a empeorar deliberadamente sus motores. Les permitiría invertir menos dinero en híbridos, aerodinámica, reducción de peso y otras tecnologías necesarias para cumplir unos objetivos de consumo y emisiones mucho más exigentes.
Estados Unidos quemaría mucha más gasolina hasta 2050
La evaluación económica preliminar de la NHTSA estima que la alternativa preferida por el Gobierno reduciría un 44% el coste tecnológico añadido a cada vehículo, lo cual se traduciría en aproximadamente 930 dólares de ahorro a la hora de fabricar el vehículo.
Es el ahorro que han calculado teniendo en cuenta que los fabricantes necesitarán menos sistemas enfocados a reducir el consumo. El análisis presupone, quizá un poco idealista, que las compañías trasladarán esa reducción de costes al cliente. Pero, obviamente, la norma no impide en ningún párrafo que las empresas aprovechen esta situación para mejorar sus márgenes de beneficio.
Lo que sí parece claro es que, con esta medida, el coste de utilización del vehículo será más alto debido a su mayor consumo de combustible. Para un vehículo del año modelo 2031, la NHTSA estima hasta 1.431 dólares de gasto extra en combustible a lo largo de su vida útil, dependiendo del precio de la gasolina y del método utilizado para actualizar los costes futuros.
Hay otro dato que resulta todavía más llamativo. Con la relajación de los objetivos, Estados Unidos consumiría unos 96.000 millones de galones adicionales hasta 2050 -unos 363.000 millones de litros más- y gastaría hasta 185.400 millones de dólares más en combustible. Y, lógicamente, esto supone también muchas más emisiones a la atmósfera.
Los 6,8 l/100 km no corresponden a un coche concreto
La propuesta reduciría la media prevista para 2031 desde 50,4 hasta 34,5 millas por galón. Si hacemos la conversión a litros cada 100 km, las cifras anteriores equivalen aproximadamente a 4,7 y 6,8 l/100 km, respectivamente.
Esa cifra no se refiere al consumo de un vehículo en concreto, sino a la media para el conjunto de vehículos vendidos por cada fabricante, algo similar al sistema CAFE de emisiones medias que se utiliza en la UE.
Una marca puede seguir vendiendo las pick-ups enormes que tanto gustan en Estados Unidos, con motores descomunales tanto gasolina como diésel, pero luego tendrá que compensarlo con turismos eficientes, híbridos y eléctricos sobre todo. La clave está en que, con un objetivo más relajado, los fabricantes tendrían menos necesidad de electrificar ciertos modelos y podrían mantener durante más tiempo motores grandes y vehículos con consumos elevados.
La medida afectaría incluso a los coches de 2022
La propuesta revisaría retroactivamente los objetivos desde el año modelo 2022, lo que permitiría que algunos fabricantes obtuvieran margen de cumplimiento para ejercicios posteriores. A partir de ahí, las exigencias aumentarían únicamente entre un 0,25% y un 0,7% anual, dependiendo del tipo de vehículo y del ejercicio. La norma aprobada durante la Administración Biden contemplaba incrementos anuales mucho mayores, llegando al 10% para algunos turismos.
La propuesta publicada por el Departamento de Transporte incluye, no obstante, alguna medida que puede endurecer el cálculo para determinados modelos. Desde 2028 pretende clasificar más crossover y SUV pequeños como turismos, una categoría sometida tradicionalmente a objetivos más estrictos que los de los vehículos comerciales ligeros.
También plantea acabar con el intercambio de créditos entre fabricantes. Hasta ahora, una compañía que superaba sus objetivos podía vender créditos a otra con una gama menos eficiente. Esta práctica ha beneficiado especialmente a fabricantes de eléctricos como Tesla, que solo vende coches sin emisiones y, por tanto, puede vender todos sus derechos de emisiones.
En Europa no cambia nada
La relajación estadounidense no afectará a las normas europeas de emisiones ni los objetivos de CO₂ aplicables en nuestro país. Un fabricante global, por ejemplo Toyota, podrá mantener más motores de combustión y SUV grandes en Estados Unidos, pero para cumplir la regulación comunitaria de la UE seguirá necesitando eléctricos e híbridos (muchos, de hecho).
Sí podría afectarnos indirectamente en la planificación de producto y estrategias industriales de los fabricantes estadounidenses (Ford, Stellantis, General Motors), que podrían aprovechar este ahorro para canalizar de manera diferente sus inversiones en suelo europeo.
Sea como fuere, la Administración estadounidense ha adelantado que la norma definitiva se conocerá próximamente, pero todavía no ha detallado si conservará exactamente los 34,5 mpg planteados inicialmente. Hasta entonces, los 930 dólares, los 96.000 millones de galones y los 185.400 millones de gasto adicional siguen siendo estimaciones.
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