Lancia Voyager, a prueba: largos trayectos y ocio como razón de ser de este gran monovolumen

 |  @ClaveroD  | 

Dispuestos a acumular kilómetros en el odómetro a través de vías rápidas, el recorrido se plantea fácil y cómodo para extraer lo mejor del Lancia Voyager con sus 7 plazas correctamente ocupadas. Las herramientas propuestas para la ocasión son un motor 2.8 turbodiésel con un par máximo de 360 Nm para afrontar con decisión largos recorridos, un cambio automático que a priori sólo concede guiños al confort y un control de crucero que nos permita mantener una velocidad legal mostrando lo fino o no tan fino que actúa el software del equipo motopropulsor.

Si algo tiene Andalucía, en sus innumerables kilómetros de carretera, es la facilidad con la que se puede poner contra las cuerdas a cualquier vehículo sea del tipo que sea. Además existe una alta probabilidad para encontrar cambios constantes de pendiente y una tendencia clara a perderse por carreteras de las de toda la vida que te hacen conocer como de bien está aislado un automóvil que hace gala de salón rodante.

Arrancamos, sólo el cambio penaliza el máximo confort

Antes de comenzar el viaje, conviene centrarse en un asiento del conductor que ofrece regulación eléctrica en múltiples planos: altura, longitud, inclinación, refuerzo lumbar e incluso proximidad del pedalier. Sin embargo, pese a estos múltiples reglajes eléctricos, llama la atención como la columna se conforma con el control manual de altura y profundidad. Quizá se trate de ser demasiado exquisito, pero sin duda es un detalle que llama la atención cuando te acostumbras a lo bueno que ofrecen otros reglajes de tipo eléctrico tan próximos.

En el apartado motopropulsor, es el cambio automático el culpable de que el Lancia Voyager no sea capaz de brillar en prestaciones y consumos. De existir cambio manual, sería recomendación segura

De este modo, una vez acomodados, pulsamos el botón Start sin necesidad alguna de encontrar donde está la llave, pues el Lancia Voyager en el acabado Gold ofrece de serie el sistema de apertura y arranque sin llave. En marcha, el cambio automático muestra su carácter americano con un resbalamiento excesivo del convertidor y una salida contundente al más puro estilo de la vieja escuela.

Este hecho es uno de los primeros datos que, unido al gran peso de 2,2 Toneladas, imposbilitará a un servidor encontrar un consumo en ciudad por debajo de los 10,5 l/100 Km. En carretera, el consumo se ve favorecido por unos desarrollos largos en quinta y sexta relación, pero conseguir llegar hasta la cifra mínima obtenida de 8,8 l/100 Km de consumo medio obliga a jugar mucho con el control de crucero y la transición entre modo manual y automático.

Las dimensiones que favorecen el espacio interior convierten la búsqueda de aparcamiento y según qué calles en toda una odisea

El hándicap mostrado por el Lancia Voyager se materializa con una gestión del cambio y software de control algo desfasados para las exigencias en eficiencia que se necesitan hoy en día. El propulsor diésel de 2,8 litros con 163 CV y 360 Nm cumple sobradamente en el plano teórico, sin embargo en la práctica se ve muy penalizado por un cambio que no es capaz de adaptarse a las circunstancias y tan solo realiza correcciones mediante reducciones de relación y apertura de gas.

Con el control de crucero fijado en 120 Km/h, el propulsor gira cómodamente en zona de par máximo. Ante la llegada de una pendiente, el cambio se fuerza a sí mismo a reducir una o dos relaciones con contundentes aceleraciones hasta que consigue el registro fijado. Este hecho se llevará a cabo tantas veces como dure la pendiente a la que nos enfrentemos… por lo que la economía de consumo se ve seriamente penalizada.

Ante bajadas y pendientes favorables, el cambio vuelve a hacer de las suyas apostando por la relación con mayor desarrollo, lo cual impide gestionar el freno motor para arañar unas décimas. Con este panorama, el control en modo manual del cambio se presenta como obligado, teniendo que estar constanmente activando el control de crucero pues al pisar el freno este se desactivará.

7 plazas: 1 conductor y 6 ocupantes muy entretenidos

La clave sin duda pasa entonces por adaptarnos al vehículo y no al contrario, algo que se podría mejorar con una simple revisión del software de gestión. Se trata de un aspecto que por seguro permitiría arrojar registros cercanos a los 8 l/100 Km y no consumos de 10,5-11 l/100 Km obtenidos durante la prueba.

La vida a bordo del Lancia Voyager es envidiable, las posibilidades de entretenimiento son muy altas gracias a su sistema multimedia

¿Qué ocurre mientras tanto en el resto del habitáculo? Pues mientras el acompañante situado en el asiento del copiloto escucha música a través de unos cascos inalámbricos enlazados con el sistema multimedia Lancia Uconnect, la segunda y tercer fila guardan silencio ante la reproducción de una película en formato DVD visionada en dos pantallas ubicadas en el techo. Sin duda una herramienta infalible para encontrar tranquilidad a bordo pese a transportar a 6+1 ocupantes.

En destino, el consumo medio por autovía ha sido de 8,8 l/100 Km y, pese a las reticencias de abandonar el vehículo por parte de los ocupantes hasta que no termine una segunda película, encontramos aparcamiento talla “XL” y reconfiguramos el Lancia Voyager para un regreso de sólo 4 personas plegando en el piso del vehículo la tercera fila de asientos a través del sistema Stow’n’Go. Sin querer, es muy probable que el conductor de este coche se llegue a sentir marginado, pues las posibilidades de entrenimiento de forma independiente son elevadas, algo que más de un padre o madre de familia agradecerá.

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