Europa sigue sin alcanzar una opinión consensuada sobre cómo abordar la transición al vehículo eléctrico y en qué plazos. Ayer mismo os contábamos como incluso existen opiniones divididas y contrapuestas dentro de la industria del automóvil. El gobierno español se ha posicionado como uno de los partidarios de la prohibición total de las ventas de diésel, gasolina, e híbridos, de coches que utilicen algún tipo de motor de combustión interna, en 2035. Alemania, Italia, o algunos países del este, abogan por una relajación de los objetivos y mantener, de alguna forma, un resquicio para la combustión interna más allá de 2035.
Las inversiones a favor de la infraestructura que se requiere ya no solo para utilizar coches eléctricos, sino también para producirlos localmente, no se detienen.
- Europa ya ha comprometido casi 200.000 millones de euros para apuntalar su ecosistema del vehículo eléctrico.
- La mayor parte de la inversión se concentra en baterías, el punto crítico para reducir la dependencia industrial de China.
- La paradoja europea es evidente: los países más críticos con el objetivo de 2035 también están entre los que más inversiones están comprometiendo en el eléctrico.
Casi 200 mil millones de euros en pos del vehículo eléctrico
Europa se está jugando mucho más que la prohibición del motor de combustión. Según los datos recogidos por New Automotive, los países del Espacio Económico Europeo y Suiza han comprometido ya casi 200.000 millones de euros en inversiones vinculadas al ecosistema del vehículo eléctrico, una cifra que incluye la fabricación de vehículos, baterías, infraestructura de carga y producción de equipos para esa red de recarga (Automotive News Europe).
El mayor bloque, 109.000 millones de euros, se ha concentrado en la cadena de suministro de baterías. Otros 60.000 millones de euros se han destinado a la fabricación de vehículos eléctricos, sobre todo a la conversión de plantas ya existentes, aunque también a nuevas instalaciones específicas para eléctricos.
La infraestructura de carga acumula entre 23.000 y 46.000 millones de euros de inversión pública, con más de un millón de puntos de carga públicos desplegados en Europa.
Cientos de miles de empleos
La transición energética también se está convirtiendo en una transición laboral. Chris Heron, secretario general de E-Mobility Europe, sostiene que estas inversiones respaldan ya más de 150.000 empleos, con otros 300.000 puestos adicionales previstos si todos los proyectos anunciados llegan a materializarse.
Europa quiere producir sus propios coches eléctricos (incluidas sus baterías)
La batería se ha convertido en la pieza más estratégica del coche eléctrico. No solo porque es el componente más caro, sino porque condiciona autonomía, costes, márgenes industriales y soberanía tecnológica. El dato que explica la urgencia europea es contundente: China fabricó más del 80% de todas las baterías producidas en 2025, incluidas las utilizadas fuera del sector del automóvil.
New Automotive sostiene que Europa ya produce baterías para aproximadamente uno de cada tres vehículos eléctricos vendidos en su propio mercado, y que la capacidad anunciada podría cubrir la demanda futura si se utiliza plenamente. El matiz es importante: las fábricas y los proyectos están sobre la mesa, pero la clave será que esa capacidad llegue a operar a pleno rendimiento.
Europa sigue dividida alrededor del objetivo de 2035
Alemania concentra casi una cuarta parte de las inversiones europeas comprometidas en el eléctrico, pese a que el país ha formado parte del bloque que defiende una relajación del marco de 2035. Alemania ancla tanto la producción doméstica como las cadenas de valor europeas, con fabricantes tradicionales en plena transición y grandes productores internacionales de baterías instalándose o reforzando su presencia.
También Italia y algunos países de Europa central y oriental se han mostrado críticos con el marco de 2035. Y, sin embargo, más de la mitad de las inversiones monitorizadas se concentran precisamente en Alemania, Italia y esa Europa central y oriental.
Francia y España aparecen, además, como otros grandes beneficiarios de esta oleada inversora.
La discusión política seguirá girando alrededor de si debe mantenerse la prohibición efectiva de vender coches nuevos con motor de combustión interna, si deben abrirse excepciones o si debe relajarse el calendario. Pero la industria, los gobiernos y las regiones productoras ya están actuando bajo la premisa de que la transición al vehículo eléctrico es inevitable.










