Que el centro de la ciudad se va a volver cada vez más inaccesible, incluso para coches eléctricos, es algo que ya sabemos, pero mientras tanto y hasta que eso suceda, cuando más eficiente y compacto sea un coche, mejor para moverse por este tipo de entornos. No obstante, no son demasiados los coches que, siendo verdaderamente pequeños, tengan un diseño cercano al de un todoterreno. Sólo podemos imaginar el éxito que podría llegar a tener un coche verdaderamente urbano con capacidades todoterreno reales.
Algo muy parecido es la propuesta cuyas imágenes acompañan estas líneas. Se llama Hasbik y es obra del diseñador Dejan Hristov, autor también de estas imágenes del Citroën 2CV que tanto llaman la atención, pero también de Vladimir Matijasevic, quien ha colaborado con Hristov para dar con esta brillante propuesta.
No se trata, en realidad, de una obra nueva. La publicación de Behance declara que data de 2021, momento en el que ambos diseñadores se plantean una idea muy concreta: trasladar la tendencia SUV a una categoría muy inferior, la de los microcoches urbanos y hacerlo, además, con unas declaradas intenciones off-road. Teniendo en cuenta que muchos de los que compraron la última generación del Suzuki Jimny en Europa tenían la intención, realmente, de usarlo como coche urbano, una idea como esta representa una mejora de la fórmula del 4×4 japonés, realmente.
Y es que el objetivo es: permitir el acceso a un vehículo no sólo con inspiración SUV, sino también capaz fuera de asfalto, algo que queda claro nada más contemplarlo, pero que a la vez reduzca de forma notable el consumo de materiales y energía en su producción. Por esto mismo, atiede a la idea de una alternativa más asequible, tanto en fabricación como en precio final, frente a los SUV tradicionales que dominan el mercado mientras que, a la vez, se plantea un coche que permitiría sin problemas el día a día de su usuario.
La base conceptual elegida no es casual. El proyecto toma como referencia directa al Microlino, un microcoche suizo que en Diariomotor ya hemos probado y que va encuadrado en la categoría L7e. Sin embargo, lejos de replicarlo, la propuesta va un paso más allá: convertir ese concepto urbano en un auténtico todoterreno don de aparece la principal complicación técnico: la categoría L7e impone límites estrictos de peso, lo que condiciona seriamente cualquier intento de dotar al vehículo de capacidades off-road reales.
La solución planteada resulta tan radical como interesante: utilizar la carrocería original del Microlino completamente equipada, pero prescindiendo de su sistema de propulsión y de sus ejes. En su lugar, dicha carrocería se montaría sobre un chasis todoterreno independiente, robusto y de dimensiones adecuadas, capaz de soportar un uso fuera del asfalto. Este planteamiento permite mantener la estética compacta y reconocible del microcoche, pero trasladándola a una arquitectura mucho más capaz.
A nivel estructural, se añade además una jaula metálica superior. Esta no solo cumple una función de protección en caso de vuelco o uso exigente, sino que también actúa como elemento práctico, funcionando como baca o portaequipajes. Es, por tanto, un componente doblemente útil, algo coherente con el enfoque general del proyecto.
El resultado es una reinterpretación extrema de un microcoche urbano con una estética y unas soluciones propias del mundo SUV y todoterreno. Todo ello, además, con la intención de reducir el impacto material frente a modelos de mayor tamaño.
Se trata de una idea que, por desgracia, acabando, a día de hoy está lejos de verse en Europa, a pesar del consabibo éxito que tendría un coche así de llegar a las calles. Lo más parecido que ha pasado por la portada de Diariomtor estos últimos meses ha sido el Renault Bridger, que va a llegar a las calles tanto con una clara corma de todoterreno, impulsado por motorizaciónes de última generación, pero lo cierto es que su llegada a Europa no está planteada.







