La historia del Cizeta-Moroder V16T es de lo más peculiar, y conviene entenderla a grandes rasgos. Porque sólo entonces podrás apreciar lo especial que es esta noticia. Y es que el primer prototipo funcional de este oscuro superdeportivo pronto será subastado por RM Sotheby’s durante la Monterey Car Week. Una oportunidad única para hacerte con el Lamborghini que Chrysler rechazó, salido del lápiz de Marcello Gandini y dotado de un peculiarísimo motor V16. Atentos, porque la historia no tiene desperdicio.
Una débil alianza entre un ingeniero y un productor musical
El mítico productor musical italiano Giorgio Moroder, «el padre del disco», conoció a Claudio Zampolli en Los Angeles, en su taller de reparación de superdeportivos. Zampolli había sido piloto de pruebas e ingeniero de desarrollo en Lamborghini, antes de mudarse a Estados Unidos. Ambos comenzaron un proyecto que culminaría en la creación de un exótico supercoche capaz de hacer sombra a las «vacas sagradas» italianas. Para su diseño, contrataron a la realeza del mundo del diseño: nada más y nada menos que Marcello Gandini.
Gandini les propuso usar el diseño que Chrysler, entonces propietaria de Lamborghini, había rechazado para el Diablo, cuyo desarrollo se estaba ultimando. La propuesta inicial de Gandini era demasiado extrema para los amos corporativos de Lamborghini. Incluso lo puedo entender: cuatro faros escamoteables, una forma de cuña muy marcada, enormes rejillas laterales y una zaga dramática. Un auténtico espectáculo que necesitaba un motor a su altura. Se desarrolló un motor V16 a partir de dos motores V8 de tres litros, conectado a un cambio manual transaxle.
Su disposición central-trasera transversal y el cambio transaxle le dieron el nombre V16T al supercoche. Desarrollaba 540 CV a 8.000 rpm, y con seis litros de cubicaje rozaba los 550 Nm de par motor. El coche pesaba casi 1.700 kg sin recurrir a la tracción total, pero podía marcarse un 0 a 100 km/h de 4,0 segundos y se esperaban 328 km/h de velocidad punta. Sobre el papel era una auténtica maravilla, pero costaba el doble que un Diablo, y llegó al mercado justo al mismo tiempo, por retrasos en la producción artesanal del Cizeta.
Había problemas de calidad, el coche no pudo ser homologado en Estados Unidos y la crisis de principios de los noventa comenzaba a asomarse al mercado de los supercoches. Por el camino, Zampolli y Moroder deciden partir peras y tras sólo ocho coches vendidos, la empresa desaparece. Esta unidad perteneció a Giorgio Moroder hasta 2022, y ha sido mantenida y restaurada por Bruce Canepa en California. Se espera que el coche cambie de manos por un importe de entre 1,4 y 1,8 millones de dólares.
Curiosamente, esta unidad ha estado expuesta en el Petersen Automotive Museum de Los Angeles, en cuya azotea se han tomado las fotos de este artículo. En mi viaje a California, en verano de 2025, pude apreciarla en detalle. Es sencillamente espectacular.










