China ha encontrado en el extranjero la salida para una industria del automóvil que ya produce muchos más coches de los que su mercado puede absorber. En la primera mitad de 2026, China exportó más de 4,4 millones de turismos, un 72% más que el año pasado, y muchos de ellos están viniendo a Europa.
Quédate con el siguiente dato porque es impresionante: por cada dos coches vendidos en China, sus fábricas enviaron aproximadamente uno al extranjero. Solo en junio salieron del país alrededor de 905.000 turismos, un 80% más que un año antes y casi 100.000 más que en mayo.
Mientras tanto, las ventas dentro de la propia China cayeron un 26%, hasta alrededor de 1,5 millones de unidades. China tiene un problema de exceso de capacidad, pero en vez de reducir producción o cerrar fábricas, algo que quizá acabe siendo inevitable dentro de un tiempo, lo que está haciendo es exportar coches a una escala inaudita hasta la fecha.
China podría exportar 10 millones de coches este año
El crecimiento está impulsado principalmente por la demanda internacional de coches enchufables. Los fabricantes chinos han ganado competitividad gracias a sus costes, su dominio de la batería y una oferta cada vez más amplia, desde pequeños eléctricos asequibles hasta grandes híbridos enchufables y modelos con enfoque premium.
La consultora AlixPartners calcula que China podría terminar 2026 exportando alrededor de 10 millones de vehículos, frente a los cerca de siete millones de 2025. Stephen Chan, analista de S&P Global Ratings, espera un crecimiento anual de entre el 30% y el 50%. Cifras impresionantes.
BYD es uno de los mejores ejemplos. La compañía está aumentando exponencialmente sus ventas en el extranjero y levantando fábricas en mercados estratégicos para reducir costes logísticos, esquivar aranceles y mejorar sus márgenes. Chery, Geely, SAIC y Great Wall también están aumentando rápidamente su presencia fuera de China.
La guerra de precios está expulsando coches fuera de China
La fortaleza exportadora contrasta con una situación interna cada vez más complicada. El mercado chino está saturado de fabricantes y modelos, mientras la guerra de precios presiona los márgenes y lleva a muchos compradores a retrasar su decisión esperando nuevas rebajas.
Aquí hay que sumar el hecho de que la capacidad de gasto de los hogares chinos se ha debilitado por culpa de la prolongada crisis inmobiliaria y la reducción de algunas ayudas públicas destinadas a la compra de coches eléctricos.
AlixPartners prevé que las ventas de vehículos ligeros en China caigan alrededor de un 10% durante 2026. En las estadísticas mensuales se observa una caída de las matriculaciones del 23% el pasado junio, confirmando en cualquier caso una contracción muy severa.
Europa será uno de los principales campos de batalla
Esta situación tiene implicaciones sobre Europa en particular, donde los fabricantes chinos están ganando cuota pese a los aranceles aplicados a sus coches eléctricos. Bruselas también baraja aplicar un castigo similar a los híbridos enchufables fabricados en China.
La respuesta de los grandes grupos chinos no consiste solamente en exportar, sino en fabricar aquí, ya sea levantando fábricas nuevas o aprovechando fábricas existentes que estén infrautilizadas, como la factoría de Ford en Almussafes. En este sentido, España está en el punto de mira de muchas compañías chinas, entre ellas Geely, SAIC y BYD.
Exportar tiene otra ventaja importante: mejora enormemente la rentabilidad. En China hay una guerra de precios brutal que obliga a las marcas a ofrecer descuentos por encima de lo razonable (desde el punto de vista del negocio), dejando unos márgenes irrisorios. Aquí pueden vender más caros sus coches, y aun así ser competitivos frente a la competencia, que cada vez tiene más presión de los chinos.








