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Los grandes salones del automóvil podrían desaparecer pronto

El hecho de que los salones del automóvil occidentales estén en declive no es ninguna novedad. Al margen de que la era de la digitalización permite a los fabricantes llegar a un mayor número de consumidores con su propia comunicación y de una forma virtual (no física), episodios recientes como la pandemia de COVID-19, la crisis de semiconductores y la falta de interés por parte de un público hastiado de modelos caros y eminentemente eléctricos que no levantan tantas pasiones, han terminado por socavar el prestigio de esta clase de eventos.

Y es que, siendo honestos, son algo absolutamente prescindible hoy en día, sobre todo si se tiene en consideración que las marcas miran con lupa, más que nunca, el retorno de sus inversiones. Los costes en personal, en logística y en la abrumadora decoración de los espacios para dar a conocer los nuevos productos empezaban a ser demasiado elevados como para no ceder ante la dictadura de las pantallas. Al final, la presentación de las novedades del sector en los tiempos que corren no requieren desplazamientos. En todo caso, un plató cercano, un introductor, un par de cámaras y el propio coche.

París 2022: el principio del fin de los salones europeos

Desde principios de esta década, los grandes “motor shows” se han acostumbrado a la ausencia de marcas de renombre, que han sido sustituidas, y no siempre, por asiáticas desconocidas en nuestras latitudes y normalmente chinas, ávidas por conquistar lo que sigue siendo el mercado más maduro del planeta. El año pasado, París no contó con la participación de Toyota, Hyundai o KIA, nada menos. En 2024, las principales firmas de Alemania han dicho que no estarán en Ginebra.

El “no” de Audi, BMW, Mercedes y Volkswagen al salón suizo de cara al año que viene supone un durísimo golpe para sus organizadores, pues se trata de un evento que intenta resucitar después de cuatro años sin actividad por distintos motivos. Sin embargo, la “retirada” de estas empresas germanas puede provocar que otras tradicionales se distancien de la próxima celebración. Toda una pesadilla para lo que un día fue la exposición de automóviles nuevos más importante de Europa.

Skoda Vision Rs Salon De Paris 03

Ginebra 2024: el último clavo en el ataúd de los “auto shows”

El posible e inminente adiós del Salón de Ginebra venía siendo anunciado, cada vez con más fuerza, desde hacía varias temporadas. La inestabilidad industrial se traduce en un menor compromiso y confianza de los expositores, hasta el punto de celebrar la última edición en Catar. A esto contribuyeron las tensiones geopolíticas derivadas de la guerra de Ucrania en el momento que se tomó la decisión. Por otro lado, la famosa transición energética impuesta por las autoridades europeas significa necesidad de ahorro para los fabricantes que han de financiarla.

Después de enlazar varias cancelaciones por motivos de diversa índole, empezando por los sanitarios y económicos, cualquiera diría tras las noticias sobre la falta de presencia de las grandes marcas teutonas que Ginebra, como algunas otras ciudades que acogen esta clase de ferias en el Viejo Continente, está “sentenciada de muerte”. Otras firmas importantes del Grupo Volkswagen como Skoda, Cupra y Porsche, así como la mayoría de Stellantis, no han comunicado oficialmente que se saltarán este salón, pero las probabilidades de que acaben participando son muy bajas.

Los riesgos y costes de un evento como el suizo superan las oportunidades para casi todas las compañías (las chinas son la excepción). El entorno digital es más barato y permite segmentar mejor a los clientes con base en cada estrategia y objetivo comercial. En paralelo, el sector se ha vuelto poco atractivo y el vehículo ha pasado de ser un producto para convertirse en un servicio de movilidad. Al menos, eso es lo que nos empiezan a vender al grueso de la población. Cosa distinta es convencer al cliente aficionado y prescriptor que la industria necesita.

Foto de Javier Montoro

Javier Montoro

Nací en Valencia en 1994. Antes de empezar a andar, ya demostraba mucho interés por los coches, algo que heredé de mi abuelo. Tras estudiar ADE, me mudé a Madrid y me especialicé académica y profesionalmente en la industria automovilística, donde siempre me siento feliz y aprendiz. Llevo varios años escribiendo sobre el mundo del motor e intento contagiar a quienes me leen de mi entusiasmo por unas máquinas que, en mi opinión, constituyen un estilo de vida más que un mero medio de transporte.

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