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El Monte-Carlo nos dejó la cara más amable de los rallyes

En un fin de semana en el que algunos medios únicamente han informado del percance de Jari-Matti Latvala con un espectador (de recibo sería también que informaran de los resultados de una prueba de la historia del Rallye de Monte-Carlo) es un buen momento para recordar la otra cara de los rallyes, la que no sale en los telediarios o en lo que llaman como sección deportivas de la prensa generalista.

La mejor historia del fin de semana fue sin duda la ocurrida entre Kris Meeke y Sébastien Ogier. Ambos estaban luchando por la cabeza de la prueba durante la jornada del sábado y a pesar de que el norirlandés estaba empezando a perder comba con ya más de medio minuto cedido respecto al de Gap, lo cierto es que el piloto de Citroën, esta temporada en el Abu Dhabi Total WRT, estaba al acecho y en disposición de lograr un más que valioso podio en el Rallye de Monte-Carlo 2016.

Sin apenas errores durante el comienzo de la prueba y sacando casi el máximo rendimiento posible del Citroën DS3 WRC frente al todopoderoso Volkswagen Polo R WRC, tal y como haría el propio Sébastien Loeb, algunos incluso nos preguntábamos a que si de aquí salía un buen resultado, tal vez el programa parcial del equipo, únicamente reservado a pruebas europeas, podría extenderse a otras citas fuera del viejo continente.

Sébastien Ogier trató de ayudar a Kris Meeke, a pesar de saber de sobra que en esos momentos era su máximo rival en la lucha por el Monte-Carlo’16

Sin embargo, cuando se rueda al límite los errores llegan y eso es lo que le ocurrió a Meeke. Tras una salida de pista en la que dañaba ligeramente los bajos del DS3 WRC #7, el norirlandés se encontraba en una chicane en bajada una piedra desenterrada por los primeros coches en salir (remarco desenterrada ante las acusaciones de ciertos sectores de sabotaje por parte de algunos aficionados) que terminaba de arrancarle el cubrecarter y le dañaba la caja de cambios.

En el reagrupamiento antes de la segunda pasada a Sisteron, Meeke llegaba aún más pálido de lo que suele ser habitual. Era sabedor que el cambio del modelo de los dos chevrones estaba herido de muerte. A pesar de estar acompañado por varios ingenieros/mecánicos, estos no podían tocar el coche, únicamente tratar de guiarle de forma oral las reparaciones. Nada más verle, Sébastien Ogier (el cual estaba a punto de comer algo para recuperar energía de cara antes del último tramo de la jornada) se acercó móvil en mano para tratar de ayudar a su compañero de profesión y rival.

En comunicación directa con uno de los ingenieros de Volkswagen, el tricampeón del WRC se arrodilló y trató de buscar una solución para que el afligido Meeke pudiera continuar en carrera. Nos dejaba entonces la que sin duda es la imagen del fin de semana, una buena muestra de compañerismo y solidaridad que es muy difícil de ver en otras competiciones. Poco más podía hacer. Tal y como relataba Andre Lavadinho en AutoSport.pt, Ogier sólo podía dar un fuerte abrazo a Meeke antes de volver a montarse en el Volkswagen Polo R WRC y dirigirse hacia la salida de la especial de Sisteron. Algo que repetía minutos después Stéphane Lefebvre, compañero en el equipo de los dos chevrones de Kris cuando el abandono ya se había constatado.

No fue la única muestra de solidaridad que pudimos ver durante el fin de semana. En una cita como la monegasca. Las salidas de pista y los coches varados en la cuneta son una constante. Algo a lo que los aficionados no dudan en responder tirándose a la carretera para tratar de sacar de esa situación a los participantes y que de esa forma cumplan lo que para muchos es el sueño de terminar el Rallye de Monte-Carlo. Desafortunadamente, y a riesgo de parecer oportunista, esas otras imágenes, como la de Sébastien Ogier y Kris Meeke, no suelen ser los suficientemente interesantes como para ser emitidas por los medios generalistas…

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Iván Fernández

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