El plan de recuperar los motores V8 para el Campeonato del Mundo de Fórmula 1 parece que sigue adelante. A pesar de que la reglamentación actual acaba de estrenarse para esta temporada 2026, el Gran Circo ya está pensando en la que puede ser su sucesora. Tal y como vienen apuntando durante meses tanto Stefano Domenicali como Mohammed Ben Sulayem, la intención parece que pasará por volver a traer los propulsores de ocho cilindros, aunque en este caso seguirán siendo turboalimentados y no atmosféricos como en el pasado.
Según los primeros detalles revelados este miércoles en la antesala del inicio de la acción en el Circuito urbano de Bakú, la FIA, el responsable de los derechos comerciales de la Fórmula 1 y los fabricantes están discutiendo acerca de motores V8 de 3.0 litros y asociados tanto a un turbo como a un propulsor eléctrico, el cual tendría unas características bastante distintas a los de las actuales Unidades de Potencia. En este caso, todo apunta a que sería mucho más pequeño, de unos 100 kW de potencia y en torno a 50 kilogramos más ligero.
Esta configuración parece ser el primer punto en común, optando por mantener cierto grado de electrificación para así contentar también a los motoristas, mientras que la alternativa de hacer motores atmosféricos parece ser poco popular entre las distintas partes ya que elevaría mucho el ruido, algo que, en una Fórmula 1 como la moderna, con tanta presencia de circuitos urbanos, parece que podría ser un gran impedimento.
A su vez, las informaciones apuntan a que se están estudiando distintas configuraciones para favorecer los adelantamientos, trayendo una vez más a la palestra la posibilidad de utilizar un sistema Push-to-Pass como el que tienen en las IndyCar Series.
Todo parece por tanto apuntar a que la Fórmula 1 se dirige hacia una normativa de motores mucho más sencilla (sin MGU-H, con una recarga y unas baterías mucho menores), compacta y ligera, con el objetivo de evitar repetir errores del pasado que suponga tener unos monoplazas sobredimensionados. Aun así, queda por responder muchas preguntas, especialmente en lo referente a la longitud de las carreras y el tamaño de los depósitos. A su vez, el sonido, aunque amortiguado por la presencia del turbocompresor, se espera que mejore respecto a las unidades V6 turbo de forma significativa.
La pregunta que surge evidentemente es cuándo planea la Fórmula 1 introducir estos cambios sin que sea ni demasiado tarde, ni demasiado pronto para unos motoristas que han hecho un esfuerzo mayúsculo para estar presentes en esta era del campeonato con el reparto de potencia de 50:50. Según las primeras conversaciones, todo apunta a que se podría mirar de cara a la campaña de 2030, adelantando de esta forma el final del ciclo normativo actual en un año respecto al lustro que suele cubrir.
Vía | it.motorsport







