Creíamos que el superdeportivo moderno era algo que estaba dejando de interesar a una gran parte de los aficionados, pero este mismo fin de semana hemos asistido al lanzamiento de dos coches que han devuelto las esperanzas de quienes, de una manera u otra, amamos este mundo y que, bajo mi modo de ver, certifican que el interés pasa cada vez más por algo que no se puede medir en cifras como la potencia, la velocidad máxima o el 0 a 100, sino por un aspecto intangible del que Ferrari necesita darse cuenta.
Y es que, justo durante los días en los que la primera unidad de producción del Luce ha sido subastada por 40.000.000 de dólares, ha sido la industria británica del automóvil la que se ha ganado el corazón de los aficionados, y lo ha hecho exactamente en el mismo evento, la Monterey Car Week. Un claro indicativo de que en Ferrari necesitan recuperar el rumbo. No es que siga dándole vueltas a lo que representa el Luce o que me haya olvidado de que seguimos teniendo coches en comercialización como el 12Cilindri, pero es que desde el lanzamiento del Daytona SP3 no han dado en la tecla con nada de lo que han hecho, ni siquiera con un modelo como el F80, al menos de cara a los aficionados, que son en gran parte quienes impulsan esa imagen de marca y que hacen que, a fin de cuenta, el cliente promedio de Ferrari se guíe.

El GMA S1 es un verdadero sucesor del Mclaren F1.
La clave está en no confundir el éxito comercial con la capacidad de generar deseo. Ferrari continuará vendiendo prácticamente todo lo que fabrique y que un Luce haya alcanzado los 40 millones de dólares demuestra hasta qué punto pesa su nombre, la exclusividad y el privilegio de acceder a una primera unidad. Pero esto va un poco más allá, como ha demostrado este fin de semana Reino Unido.
Entretanto, McLaren se ha sacado de la manga el McL 6GT, un coche que ni siquiera llegará a producción hasta 2028 y del que se producirá una serie muy limitada. Pero no importa: de nuevo, esto va más allá. Ha entendido cómo empieza a funcionar el juego del deportivo moderno, que ya no tiene el foco puesto en la potencia, un aspecto en el que fácilmente puede verse rebasado por cualquier coche chino de última generación y personalidad aséptica.
Lo importante es que ha conseguido llamar la atención simplificando la idea: un motor V8, una caja de cambios manual auténtica, tracción trasera, dirección hidráulica y un diseño inspirado directamente en el M6GT que Bruce McLaren no pudo convertir en un automóvil de producción.
Lo importante del McL 6GT no son sus cifras, sino la intención que existe detrás del coche. McLaren ha entendido que un superdeportivo especial ya no puede limitarse a ser más rápido que el anterior. La marca había entrado en un bucle en el que la potencia mandaba, aunque ya había dejado de ser importante. Ha entendido que la exclusividad pasa ahora por ofrecer una experiencia distinta, reconocible y difícil de encontrar en el resto de la industria. Precisamente por ello resulta tan importante que la marca lo haya señalado como un adelanto de la dirección que seguirán sus futuros automóviles. Y esto, realmente, nos encanta.
Y entonces aparece Gordon Murray con el S1, «robando», de paso, a McLaren la posibilidad de relanzar el F1 moderno, pero confirmando exactamente la misma idea que, en realidad, ya ejecutó con los T.33 y T.50. Su V12 atmosférico de 4,2 litros desarrollado por Cosworth entrega en esta ocasión 690 CV, alcanza las 12.100 rpm y se combina con una caja de cambios manual de seis relaciones y tracción trasera. Son cifras que, realmente, ya no son tan extraordinarias (al menos, si ignoramos el régimen que es capaz de alcanzar), pero ninguna de ellas explica por sí sola por qué este coche ha conseguido convertirse en una flecha directa al corazón de todos y cada uno de los aficionados.
Tampoco bastan para explicarlo sus 998 kilos de peso, el hecho de que conserve las tres plazas con el conductor en posición central o que haya sido concebido como un homenaje directo al McLaren F1. La clave está, más bien, en que Gordon Murray no haya querido crear otra máquina radical de circuito con una potencia más absurdamente alta que la anterior, sino un coche que, siendo un alarde de tecnología y diseño, es sencillamente capaz de viajar cómodamente, con más aislamiento, mejores asientos y una sexta marcha pensada para realizar largos recorridos sin renunciar al sonido del V12, al cambio manual o al comportamiento en curva.
Hasta su aerodinámica activa refleja este planteamiento de poner el foco en la sencillez. El alerón permanece oculto dentro de la carrocería cuando no resulta necesario y solamente se despliega para reducir la resistencia, aumentar la estabilidad o actuar como aerofreno. La tecnología está ahí, pero no domina visualmente el coche ni se convierte en la razón principal de su existencia. Es algo muy parecido, en realidad, a lo que Porsche lleva haciendo muchos años con el 911 y en lo que reside gran parte de su éxito.
Este es, probablemente, el aspecto que mejor define el cambio que estamos presenciando. El aficionado no está rechazando la tecnología y tampoco quiere regresar literalmente a los años noventa. Sencillamente, en un mundo en el que vivimos saturados de números, pantallas, baterías y aceleraciones de 0 a 100 km/h en prácticamente un segundo, tanto el McL 6GT como el Gordon Murray S1 son todo un soplo de aire fresco.
Por si acaso, me quiero adelantar a quien quiera rebatir esta reflexión con el hecho de que se trata de deportivos modernos cuya personalidad se basa en coches del pasado y que ahí, precisamente, está la gracia de cada uno, y que por ello no puedo compararlo con nada que haya hecho Ferrari últimamente, no nos olvidemos del 849 Testarossa.
Sea como fuere, la pena está en que del S1 tan solo se producirán 64 unidades, mientras que todavía no sabemos qué pretende hacer McLaren con el McL 6GT, aunque sí está claro que ha sido concebido como un coche exclusivo. Lo bueno, para acabar, es que el primero representa un antes y un después en la manera de concebir y diseñar coches del fabricante británico y es ahí precisamente donde está lo más importante de todo, pues parece que McLaren ha entendido antes que Ferrari las reglas del superdeportivo moderno.
El Daytona SP3 ha sido lo último de Ferrari capaz de calar hondo entre los aficionados. El Luce podrá alcanzar cifras millonarias en una subasta y el F80 podrá ser un automóvil extraordinario desde el punto de vista técnico, pero eso no significa, necesariamente, que hayan conectado con los aficionados. Lo mismo puede decirse del McLaren W1, que conste. Ahora sabemos, sin embargo, que McLaren ha cambiado de parecer, o al menos eso es lo que nos ha enseñado con su último lanzamiento.












