Tan complicada es la actual tesitura por la que pasa la industria del automóvil que no sólo basta a los fabricantes con experimentar de puertas para adentro con el fin de tener un mayor abanico de tecnologías en desarrollo entre las que poder elegir, llegado el caso, sino que es necesario, en muchas ocasiones, llevarlas a producción para coger la delantera en según qué campos.
Esto puede ser, perfectamente, lo que explica el lanzamiento de un nuevo motor de Horse, el D20, una creación de la empresa fruto de la colaboración de Renault y la china Geely, que acaba de llegar a España y ya tiene al Starray EM-i como su coche más vendido. Un motor cuyo lanzamiento, además, también tiene una lectura geoestratégica de fondo.
Y es que si parte de las intenciones de China en el medio plazo pasan por querer reducir su dependencia del crudo extranjero, que actualmente compra a países como Rusia o Arabia Saudí, y el metanol puede desempeñar un papel importante en este cometido. El país concentra alrededor del 60 % de la producción mundial de este combustible y, desde 2019, apoya oficialmente el uso de metanol puro M100 en automóviles. No parece casualidad, por tanto, que el HORSE D20 Methanol se mostrase inicialmente en el Salón del Automóvil de Pekín de 2026.
Aunque Horse lo presente como un nuevo motor térmico, el D20 no está concebido como un motor para, directamente, trabajar con las ruedas. Su única función es generar electricidad para alimentar la batería, que posteriormente suministra la energía necesaria a los motores eléctricos encargados de mover el coche.
Se trata, por tanto, de una solución para vehículos eléctricos de autonomía extendida, que en el fondo no dejan de ser una segunda iteración de lo que es un híbrido enchufable, como nunca me canso de señalar. El conjunto integra un motor turbo de cuatro cilindros y 2,0 litros, el generador eléctrico y toda la electrónica de potencia. Su potencia máxima alcanza los 105 kW (143 CV), mientras que el sistema completo pesa 170 kilos.
Una de sus mayores particularidades se encuentra en el generador, instalado directamente sobre el cigüeñal. En lugar de recurrir a una máquina eléctrica convencional de flujo radial, Horse emplea un generador de flujo axial formado por dos rotores situados a ambos lados de un único estator.
Esta arquitectura permite que el generador sea un 46 % más corto y ofrezca un 63 % más de potencia por unidad de volumen que un motor de flujo radial equivalente. Además, tiene un diseño ‘*yokeless’* que prescinde del disco de hierro que normalmente sostiene las bobinas del estator.
El motor térmico incorpora un sistema de encendido de alta energía de 240 mJ, gracias al cual puede trabajar con mezclas de metanol extremadamente pobres para reducir el consumo. Esta tecnología también permite solucionar uno de los principales inconvenientes de este combustible: su dificultad para iniciar la combustión a bajas temperaturas.
Según Horse, el D20 puede arrancar utilizando metanol puro incluso cuando la temperatura exterior desciende hasta los −35 ºC. El generador, por su parte, alcanza una eficiencia eléctrica del 96,4 % gracias, entre otras soluciones, al empleo de un módulo de potencia de carburo de silicio integrado.
La eficiencia total anunciada para convertir la energía contenida en el metanol en electricidad es del 47 %. En términos prácticos, el sistema genera aproximadamente 1 kWh eléctrico por cada 2,1 kWh aportados por el combustible. Horse asegura que puede producir 40 kWh de electricidad consumiendo 19,6 litros de metanol, una cantidad suficiente para recargar por completo una batería de esa capacidad.
Horse, que no ha concretado qué marca estrenará primero este propulsor, anuncia unas emisiones de óxidos de nitrógeno de 35 mg/kWh y asegura que el sistema cumple tanto la normativa china CN6b como Euro 7. Esta última comparación debe tomarse con cautela, ya que el límite europeo citado está expresado en mg/km y, por tanto, ambas cifras no son directamente equivalentes. Tampoco se han detallado sus emisiones de CO₂.
No obstante, para acabar, se ha de tener en cuenta que si acaba resultando un motor de uso limpio o no, depende de si el etanol que quema en su interior tiene una procedencia concreta. Y es que, bien sabemos que la mayoría del metanol producido actualmente en China procede del carbón, aunque el país también está invirtiendo en e-metanol obtenido mediante hidrógeno renovable y CO₂ capturado. Por esto mismo, su balance ambiental dependerá completamente del origen del combustible, que para ser completamente neutro deberá ser producido con energías renovables.










