Coitus interruptus, o una defensa de los coches ligeros, simples y menos potentes

 |  @sergioalvarez88  | 

Los que rondamos los 30 años en estos momentos tenemos una buena visión de la evolución de la industria automovilística. Vivimos los años 80 y especialmente los 90, nos criamos viendo en las calles aquellos pequeños GTI, que marcarían nuestra orientación automovilística para siempre. En nuestras paredes colgábamos pósters de los Ferrari F40 o Porsche 911, que soñábamos con tener algún día. Pero lo que la industria nos ha legado ha sido una generación de coches con exceso de peso, exceso de potencia y una alarmante carencia de emoción. Este artículo no es un lloro más, es una crítica constructiva a la industria. Quedaos conmigo y os lo explico.

¿Por qué echamos de menos aquellos deportivos de antaño? ¿Por qué 150 CV nos parecían una potencia enorme y hoy en día ni nos inmutamos?

Ya os lo explicaba en “¿Hemos enterrado la diversión al volante?“. Salvo excepciones muy honrosas, los coches modernos carecen de verdadera implicación, de verdadera emoción al volante. Los deportivos o incluso los GTI actuales son máquinas extremadamente potentes y extremadamente rápidas. Tomad como ejemplo un compacto deportivo como el Volkswagen Golf R. Tiene 300 CV de potencia y tracción total. Es capaz de enviarnos a la cárcel en un abrir de ojos si de verdad queremos exprimir a fondo su potencia y su bastidor. Y hacerlo de forma segura y sensata no es algo que esté al alcance de todos los conductores, por mucha experiencia que tengan al volante.

Y hablamos simplemente de un compacto deportivo. Si nos vamos a máquinas como un BMW M4, la situación es aún más peliaguda. Fuera de circuito, estirar la tercera marcha hasta el corte supone un delito contra la seguridad vial. Tiene 430 CV de potencia, pero su explosividad y sus prestaciones son más propias de una máquina de más de 500 CV. Es tan extremo, que BMW lo vende acompañado de una niñera electrónica, que nos hace creer que estamos en control y evita que nos propasemos. No te recomiendo desconectar las ayudas electrónicas de un coche así, a no ser que estés en circuito y sepas muy, pero que muy bien el animal temperamental que tienes entre manos.

No tenemos los recursos económicos, el tiempo y la cercanía de un circuito para poder divertirnos al volante de forma segura.

Cualquier coche hoy en día es infinitamente más seguro que hace unos años. Pero también los ha hecho más grandes, y mucho más pesados. Ambos ejemplos anteriores rondan la tonelada y media, una cifra hace años sólo reservada a las grandes berlinas de representación. Los deportivos de antaño apenas superaban la tonelada, y si lo hacían debían justificar su peso con un motor de seis o más cilindros, y una dosis de potencia superior a la media. La triste conclusión de este devenir de la industria automovilística actual es que el petrolhead – el quemadillo, el adicto a la gasolina medio – vive una situación permanente de coitus interruptus.

Coitus interruptus

Coitus interruptus, porque no puede exprimir de forma segura un coche picante en nuestras carreteras – que presentan un lamentable estado de conservación. Coitus interruptus, porque acceder a un deportivo es cada vez más caro. Coitus interruptus, porque la conducción deportiva está cada vez más vigilada y criminalizada – porque nuestros coches son cada vez más rápidos. Coitus interruptus, porque nos sentimos como forajidos o terroristas medioambientales cada vez que pisamos a fondo el acelerador. Coitus interruptus, porque apenas existen “deportivos escuela” que nos permitan desarrollar nuestras habilidades de conducción de forma sensata.

Ir “ágil” con un coche picante moderno suele (desgraciadamente) venir acompañado de un serio conflicto interno.

¿Es que acaso está todo perdido? Quiero pensar que no. Quiero reivindicar desde este espacio los coches sencillos, ligeros, poco potentes. Coches divertidos e inspiradores, que sean capaces de emocionarnos sin vaciar nuestra cartera, sin vaciar de puntos nuestro carnet de conducir y sin poner nuestra vida en grave peligro cada vez que pisamos el acelerador a fondo. Sé que soy insistente, pero sigo colocando en mi Olimpo de la diversión al volante al Suzuki Swift Sport. Y lo hago porque es un coche que ejemplifica a la perfección mi mensaje: no necesito 400 CV, tracción total y el ordenador de la NASA para divertirme con un coche.

En su anterior generación – es la que he probado – el Suzuki Swift Sport pesaba poco más de una tonelada. Su motor era un 1.6 atmosférico de 125 CV, un motor que exigía llevarlo alto de vueltas para extraer toda su potencia. Obliga a jugar con su caja de cambios, obliga a trabajar al volante: nada de pisar el acelerador y salir catapultado hacia delante. Al mismo tiempo, era pleno en sensaciones y su escaso peso nos recompensaba con un paso por curva delicioso. Tenía una de las mejores direcciones que he probado en mi vida: directa, rápida, extremadamente informativa. Porque es a través de la dirección de donde recibimos la mayor parte de sensaciones al volante.

En vez de una guerra de potencia que a nadie beneficia, debería comenzar una guerra de adelgazamiento.

¿Qué es lo que quiero decir con esto? Era un coche que demostraba que menos es más. Aún hay honrosas excepciones en el mercado, que sacan a relucir esta filosofía. El Mazda MX-5, cuyo motor de acceso es un simple 1.5 atmosférico de 131 CV de potencia. O el Abarth 595, una pelotilla con una puesta a punto espectacular, cuya versión de acceso tiene 145 CV de potencia. Son coches que son capaces de plantar una sonrisa en nuestra cara, sin atacarnos de forma viciosa ante errores de pilotaje. Coches cuyo chasis podemos exprimir en una buena carretera de curvas, sin incumplir la ley, vernos superados por su potencia o vaciar al completo nuestra maltrecha cuenta corriente.

Y son coches realmente escasos en el mercado actual, por desgracia. Los pocos que los compran tienen muy claro lo que están adquiriendo, y los demás deberíamos tomar nota. La industria del automóvil está viviendo un proceso de cambio extremadamente acelerado: en cinco años, los eléctricos y los autónomos estarán mucho más extendidos, y si seguimos al ritmo actual, los compactos deportivos rondarán los 500 CV y costarán lo que costaba hace años un Porsche 911. Pero el momento actual ofrece oportunidades únicas: los materiales compuestos – como el plástico reforzado con fibra de carbono o el acero de alta resistencia – son cada vez más baratos y sencillos de producir.

Que vuelvan aquellas versiones GT, ligeras, sencillas y baratas, mucho más plenas en satisfacción que en potencia.

Ya hemos visto que coches como el nuevo Suzuki Baleno pesan menos de 900 kilos con todas las garantías de seguridad, eficiencia y comodidad requeridas hoy en día. Los fabricantes deberían olvidar las guerras de potencia y comenzar una guerra de adelgazamiento. Sé que los atmosféricos están prácticamente extintos, y no quiero ser tildado de retrógrado: me conformaría con pequeños utilitarios deportivos con eficientes motores turbo de 100-150 CV, pesos de una tonelada o menos y plenitud de sensaciones. No quiero toneladas de equipamiento. Quiero una puesta a punto excepcional, una dirección comunicativa y tener que “trabajarme” la diversión al volante.

El problema es que lo que vende hoy en día es el dato fácil, la cifra de potencia. No vende un bajo peso o el factor subjetivo de la diversión al volante. Si lo pensamos fríamente, este “deportivo de las sensaciones” tendría un menor consumo, mayor agilidad. Sería menos problemático – gracias a una mecánica simple – y nos pondría en menos apuros. Veamos más allá de la potencia y recuperemos el tiempo perdido. Que se conviertan en años tan recordados como aquellos 80 y aquellos 90. La industria es capaz de producir coches divertidos y sencillos, pero no es una ONG: somos nosotros los que debemos comprar y demandar este tipo de coches.

¿Estás dispuesto a asumir el reto?

En Diariomotor:

Lee a continuación: La audiencia del nuevo Top Gear se desploma, Chris Evans insiste en que todo está bien

  • X 2.0

    Totalmente de acuerdo con todo lo dicho en el articulo, no se necesita mucho para pasárselo bien con un coche, yo aprendí con un utilitario de los 80 y 100 cv, la suspensión era mala, pero sus 900 kilos y 100 cv me hacían pasarlo muy bien en todo tipo de tramos apartados. Es el coche con el que aprendí a conducir bien y a correr, y sigo pensando que para la situación actual de las carreteras y los limites de velocidad es mas que suficiente. Volvería a repetir con un coche así, pero mas moderno, un Saxo VTS estaría muy bien.

  • Pableras

    Lo primero: me parece muy irresponsable este artículo. Tú sabrás consucir, faltaría más, pero ya que le echas horas al volante serás más consciente que el resto de la cantidad de cafres que circulan por nuestras calles. Y ese es un gran problema: gente que cree que sabe conducir y realmente no tiene ni puta idea. Y hay dos problemas muy gordos en este asunto: todos compartimos las mismas vías y para conducir un utilitario de 50 cv y el M4 es neceseario, por desgracia, la misma prueba de conducción. Pues mira, oye, me alegro de que no existan ya esos pequeños GTI que comentas.

    Por otro lado, no te entiendo. Pero antes, un matiz: evidentemente, no tengo el mismo acceso a los coches que vosotros. Ójala… Asi que sólo puedo hablar de frías cifras. Pones como ejemplo al Swift. Caramba!, tienes un Fiesta ST de 182 caballos por 40 kilos más. Y un Ibiza de 150 cv por 20 kilos más. Auténticas bestias frente al Suzuki.

    Y ya para terminar, reitero que se trata sólo de mi opinión, creo que hay un matiz que pasas por alto frente a otros. Por el Swift y salir catapultado: la mecánica (en mayor medida, y en menor, la insonorización). Hasta hace no mucho tuve un Celica, atmosférico. Era un motor muy progresivo, tenías que “trabajártelo”, nada explosivo. No voy a decir cómo le llamaba a veces, es muy políticamente incorrecto, pero siempre pedía más. A esto había que sumar el que lo oías. No lo intuías, lo sentías perfectamente. Siempre. Para los momentos de “alegría” era una gozada, para hacer un viaje, un suplicio.

    Ahora conduzco un monovolumen, a priori mucho más aburrido. Pero me permití la licencia de elegir un motor un poco “picante”, y sólo tiene 150 cv. Habitualmente lo llevo en modo eco, total, para mis recorridos habituales no necesito más. Pero pones el modo Sport, que siguen siendo los mismos 150 caballos, el acelerador responde antes, la dirección se endurece y….las sensaciones vuelven a aflorar.

    Sinceramente, y sin ánimo de ofender (es algo que ya he visto en más ocasiones) no creo que sea problema de los coches actuales (por cierto, muchísimo más seguros y mejor equipados, aparte de ser mucho más confortables) si no de quienes lo conducen. Es como una droga, cada vez se quiere más y más, la droga que se tomaba antes ya no es suficiente. Más adrenalina. Es cierto que la proporción de coches “aburguesados” crece, pero no creo que todo esté perdido.

    • delabotaempinar

      Das en el clavo con algo importante: saber lo que se lleva entre manos y saber cómo conducirlo. Yo con un 1.4 TDCi de 70cv me lo paso pipa en tramos de curvas yendo alegre (con un 115cv más aún), y hablo de diésel… y para divertirme no necesito más, y para dar sopas con honda a muchos quemadillos que solo saben ir a 150 en las rectas, pero no saben trazar una simple curva…
      El problema es que la potencia y la conectividad venden (y estamos en un país donde no pensamos lo que compramos, vemos “oferta”, “gratis”, y nos vamos a la compra impulsiva en tanto que la cuota mensual de la financiera nos salga pagable), aunque luego el coche resulte una distracción.
      Pero también das en la clave de otra cosa: es complicado tener (y mantener) dos coches, porque estos pequeños gti obligan a un gasto adicional y yo a final quiero (y uso) un coche para todo; viajes largos o un día que otro que me dé por aprovechar un tramo de curvillas, que es muy de vez en cuando… Un saludo,

    • Pableras, entiendo tu postura. Si parece una apología de la conducción temeraria, pido disculpas, pero nada más lejos de mi intención: lo que reivindico son coches deportivos más sensatos para los tiempos que vivimos. Coches que hagan vivir muchas sensaciones aún sin ir rápido, que nos transmitan deportividad sin tener que ir rompiendo todas las leyes. Coches que mediante las sensaciones nos hagan sentir, pero con todos los estándares actuales de seguridad y equipamiento. Hemos visto que es posible con coches como el Mazda MX-5, que comienza en “sólo” 131 CV y es una juerga al volante.

      Sobre los conductores estoy de acuerdo en que las habilidades al volante son dispares. Desde Diariomotor siempre animamos a todo el mundo a acudir a cursos de conducción, que por desgracia nadie subvenciona y marcan la diferencia en cuanto a seguridad al volante.

      Amén al tema insonorización, por cierto.

      Saludos!

  • Jin

    completamente de acuerdo, sigo lamentando haberme deshecho de un 205gti que cumplio con creces su cometido, en aras del progreso y las modernidades. Lo que mas me alarma es la criminalizacion de la conducción deportiva en este país, porque descerebrados los hay en todos los ámbitos. En fin hasta que me llegue para un deportivo o encuentre otro 205gti, seguire encontrando esas sensaciones en mundo de las dos ruedas.

  • corsagsi

    Tengo un Corsa A sr, un gsi mk1 y otro mk2 para los finde semana……os puedo decir que he probado de todo pero nada me transmite las sensaciones que me dan eses tres Corsa.

  • Golf r

    No me parece para nada irresponsable el artículo, simplemente una opinión que muchos de nosotros opinamos igual,aquella era otra época y las sensaciones que te transmitían esos coches era algo que llamaba la atención del que lo probaba,de que te sirven que no se fabriquen si la gente que va puesta de todo da igual que lleve un coche o otro yo tube amigos que se mataron con berlinas diesel de sus padres llevándose consigo amigos por ir borrachos como cubas y otros con ese tipo de coches que te alegras de que se hayan dejado de fabricar que les gustaba andar rápido pero con cabeza alguna salida de cuneta tuvieron pero no fueron los más problemáticos te lo puedo asegurar, por eso echo de menos esos coches y cuando veo alguna joyita de esas me da vuelta la cabeza jjj aunque sean 100 o 125cv gsi gti xr2 etc.etc.

  • Danielrs500

    completamente de acuerdo, aunque creo que estamos en via de extincion, al igual que autos como el Suzuki Swift GTI o el Mazda MX5, el reflejo del mercado actual son autos como el Nissan Qashqai o el Mercedes clase A, la emoción hoy dia es una tablet en el tablero, con sistema operativo de apple o Android,……los tiempos han cambiado.

  • Golf r

    Aquí en Europa lo que nos mata mucho son las normativas anticontaminantes y de seguridad (lo cual veo normal por el futuro de los que nos sigan)aerodinamica, test de choque para minimizar los daños y claro eso no es compatible con una cadena de producción de los años 80 y 90 aunque yo lo que haría sería sacar unas 5000 unidades para todo el mundo de coches míticos esos que busca todo el mundo con mejoras en el apartado de seguridad tema airbag y frenos y lo demás no lo tocar vaya que si se vendían madre mía,os imagináis una vw t1 recién salida de fábrica o un mk1 GTI al igual que un 205 GTI 16v o un lancia intégrale:) :) :)

  • rauccete

    Creo que por cosas así, los coches que describen tienen tan alto valor cuando vas buscando uno de segunda mano. Somos muchos los que vamos buscando coches de ese estilo. Aún hecho de menos mi Focus ST de primera generación, sin más que él ABS como ayuda electrónica…

  • Anónimo

    Totalmente de acuerdo, y lo peor es que todo esto es solo para tener contentos a los Yanquis. Coches como por ejemplo el Toyota GT86 está siendo duramente criticado por tener solo 200 CV “de mierda” que ya son muchos para la mayoría cuando hace unos años eran muchos. Pero no solo los deportivos están más caros, sino todos los coches en general. Las especificaciones de los coches de los 90 no creo que vayamos a volver, pero ¿Y de los principios del 2000?