Gran Premio de España 2026, Williams presenta su decoración para afrontar el estreno de MadRing dentro del Campeonato del Mundo de Fórmula 1 e inmediatamente nos viene a todos una imagen a la cabeza, la de los Williams FW07C, íconos sobre ruedas gracias entre otros a Alan Jones. La escudería con sede en Grove confirmaba esta misma mañana el fallecimiento del australiano a los 80 años tras lo que ha sido una breve enfermedad tal y como informó a su vez Amanda Butler-Davis, su esposa.
«Nos entristece profundamente anunciar el fallecimiento de nuestro querido Alan, que murió el 5 de noviembre tras una breve enfermedad», señaló Butler-Davis. «Alan dedicó su vida al deporte del motor y construyó un legado que perdurará a través de las innumerables personas a las que llegó a lo largo de su camino». Estas eran las palabras de despedida para un piloto que se anotó 12 victorias en su paso por el Mundial y que además se convirtió en el segundo piloto australiano que logró el entorchado intercontinental tras Jack Brabham.
Hijo del también piloto Stan Jones, vencedor del Gran Premio de Australia de 1959, su camino en la Fórmula 1 comenzó en 1975, con 28 años de edad, tomando un tren que por ejemplo su padre no llegó a agarrar, prefiriendo quedarse en el campeonato oceánico de monoplazas. Su paso por la F3 británica y la Fórmula Atlantic le permitió relacionarse con equipos de las islas, algo que posteriormente le sirvió para fichar por Hesketh y estar presente en el Gran Premio de España de 1975.
Hasta entonces, su techo había sido especialmente el económico, por lo que llegar finalmente a la categoría reina parece que terminó de explotar todo su potencial, pasando al año siguiente a competir para Surtees Racing y un año más tarde por Shadow, el icónico equipo rodeado de misterio para el que además conseguiría su primer éxito, ganando el Gran Premio de Austria que se disputó en condiciones de mojado. Casi como si fuera una tradición, Alan Jones cambió de aires al siguiente año, firmando finalmente con una Williams con la que emprendería un importante camino hasta situar a la escudería británica como una de las grandes referencias en 1979.
Jones logró cuatro triunfos en esa campaña, logrando ser tercero a final de año en la general y aupando a Williams al segundo lugar entre los constructores, antes de dar el definitivo golpe sobre la mesa en 1980, cuando logró coronarse Campeón del Mundo tras ganar en Argentina, Francia, Gran Bretaña, Canadá y Estados Unidos, terminando por delante de Nelson Piquet, doblete que evidentemente también daría a la escudería su primer Campeonato. En 1981, Williams repetiría, pero Jones se quedó a las puertas de completar con éxito la defensa del campeonato.
En ese mismo año optaría por retirarse, con 35 años, aunque posteriormente regresaría de forma puntual a la parrilla, dejando nuevamente muestras de su talento con equipos como Arros o Team Beatrice-Haas. Considerado por muchos como uno de los talentos subestimados de la historia por ser un perfil mucho menos glamuroso al de Gilles Villeneuve, Reutemann, Piquet o Laffite, Alan Stanley Jones ha dejado su firma en el maravilloso mundo del Motorsport, preguntándose de qué habría sido capaz de haber decidido continuar al volante de ese Williams FW08 con el que Keke Rosberg se coronó en 1982.
Me entristece profundamente el fallecimiento de Alan Jones, una verdadera leyenda de nuestro deporte y un piloto extraordinario. Alan fue un competidor formidable, un líder nato y un ícono que inspiró a generaciones de aficionados, especialmente en su querida Australia. Su lugar en la historia de la Fórmula 1 está asegurado, sobre todo por haberle brindado a Williams sus primeros Campeonatos Mundiales de Pilotos y Constructores en 1980, un momento decisivo para el equipo y para nuestro deporte. Pero más allá de sus logros en la pista, Alan será recordado por su carácter, su pasión y la huella imborrable que dejó en la Fórmula 1 – Stefano Domenicali
Fotos | Williams F1 Team








