El Gobierno estadounidense de Trump ha pedido a Ford que corte sus vínculos con CATL, BYD y Geely por motivos de seguridad nacional. El mensaje no se limita a una fábrica de baterías en Michigan: menciona expresamente la alianza española que debe reflotar Almussafes, incorporar cinco modelos y devolver la planta valenciana a una producción cercana a su capacidad real.
- Washington insta a Ford a romper con sus principales socios chinos
- La carta señala directamente la empresa conjunta de Ford y Geely en España
- Almussafes funcionó en 2025 a solo el 26% de su capacidad
- La alianza prevé fabricar cinco modelos a partir de 2028
- No existe una orden de cancelación ni un retraso confirmado
Almussafes aparece explícitamente en la carta
El secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, ha escrito al consejero delegado de Ford, Jim Farley, para mostrar la «profunda preocupación» de su departamento ante la creciente relación del fabricante con compañías chinas.
La carta menciona a CATL, BYD y Geely. En el caso de esta última, señala específicamente la empresa conjunta constituida en España y considera que ayuda a un competidor estratégico a conseguir un importante punto de apoyo en los mercados occidentales.
Geely es el socio chino de Ford sobre el que descansa buena parte del futuro de su fábrica española -que es, además, una de las más importantes a nivel europeo-. Según el acuerdo anunciado por ambas compañías, Ford controlará el 66% de la nueva sociedad y Geely el 34%. La empresa debe comenzar a operar durante la primera mitad de 2027 y los primeros vehículos nuevos saldrán de Almussafes en 2028.
Una fábrica que trabaja a un cuarto de su capacidad
La planta valenciana puede producir aproximadamente 500.000 coches al año, pero en 2025 funcionó únicamente al 26% de su capacidad. Actualmente depende únicamente del Ford Kuga, un modelo que sigue vendiéndose relativamente bien, pero resulta insuficiente para llenar la fábrica.
Y mantener una factoría de este calibre con poco más de una cuarta parte de su capacidad ocupada hace que sea poco rentable mantenerla funcionando. La maquinaria, el mantenimiento, la energía necesaria para mantenerla en marcha y todos los demás gastos tienen un alto coste sobre cada vehículo fabricado.
La solución de Ford fue llenar las líneas con ayuda de otro fabricante. Almussafes conservará el Kuga, añadirá un nuevo Ford Bronco europeo y producirá un crossover multienergía desarrollado conjuntamente con el fabricante chino. Geely, por su parte, hará otros dos SUV eléctricos, uno de ellos el EX5.
El conflicto empezó con una fábrica de baterías estadounidense
El principal blanco de Washington sigue siendo la futura planta de baterías de Ford en Marshall, Michigan. Ford es su propietario, controlará la producción y contratará directamente a la plantilla, pero utilizará bajo licencia la tecnología LFP de CATL, el mayor fabricante mundial de baterías.
Duffy también cuestiona que el Lincoln Nautilus destinado al mercado estadounidense continúe fabricándose en China hasta 2030 y ha señalado las conversaciones de Ford con BYD para comprar componentes híbridos.
La Administración interpreta todos estos acuerdos como distintas caras de un mismo problema: Ford estaría dependiendo de la tecnología china para abaratar sus próximos coches mientras Estados Unidos está intentando impedir por todos los medios que los tentáculos de China entren en su mercado y su industria.
Ford ha respondido a Duffy con dureza. Considera que su carta busca titulares y recuerda que, mientras otros fabricantes importan baterías chinas, su proyecto de Michigan permitirá producirlas en Estados Unidos bajo control propio. La compañía no ha mencionado nada sobre su acuerdo en suelo español.
La carta no cancela la fábrica, pero tampoco ayuda
El Departamento de Transporte de la Administración Trump no ha comunicado ninguna orden, sanción o procedimiento que paralice la empresa conjunta de Ford y Geely en Almussafes. La operación continúa pendiente de las autorizaciones regulatorias previstas desde su anuncio y, por ahora, el plan está siguiendo el calendario establecido.
Pero es evidente que no ayuda y la presión ha escalado un par de niveles en los últimos meses. En julio, el presidente del comité de la Cámara de Representantes sobre China ya criticó el acuerdo porque, en su opinión, facilitaría el avance chino en Europa. Ahora la petición procede directamente de un secretario de la Administración y reclama cortar vínculos, no simplemente vigilarlos.
Ford está atrapada entre dos estrategias incompatibles: por un lado, en Estados Unidos ha respaldado la legislación que quiere dar portazo a los coches chinos. Y por otro, en Europa se ha asociado con un fabricante chino para reducir costes, desarrollar productos más rápidamente y aprovechar sus fábricas. Dos estrategias que tienen sentido por separado, pero, tal vez, difíciles de defender simultáneamente.










