Ha sido uno de los términos más relevantes para la industria del automóvil en las últimas dos décadas: el downsizing. En él reside la razón por la cual es probable que tu nuevo coche tenga solo tres cilindros o, como mínimo, un motor relativamente pequeño y siempre con turbo.
Hoy hablamos del motor de seis cilindros más pequeño del mundo y, como veremos, su razón de ser no era la que ha empujado a las marcas de coches a quitar cilindros y reducir cilindrada, que no es otra que mejorar sus emisiones y mantener a raya los consumos.
Un motor de seis cilindros diminuto, de solo 245 centímetros cúbicos, que gira hasta las 18.000 rpm. Un motor que, tal y como nos cuentan nuestros colegas de Jalopnik, que hoy nos recuerdan esta historia que ya trató mi compañero Sergio hace más de diez años, empleaba unos cilindros que eran tan pequeños como los antiguos rollos de película fotográfica Kodak.
Así nació el 6 cilindros más pequeño de la historia
Para comprender una mecánica tan extravagante tenemos que viajar a los Grandes Premios de motociclismo de los años sesenta. Las ligeras y explosivas motos de dos tiempos estaban imponiendo su ley: frente a un cuatro tiempos, que completa su ciclo de trabajo en dos vueltas del cigüeñal, un dos tiempos produce una carrera útil en cada giro. Pero Soichiro Honda había apostado firmemente por motores de cuatro tiempos, más silenciosos y con una combustión más limpia. Si Honda quería derrotar a las bicilíndricas de Yamaha, necesitaba compensar aquella desventaja haciendo que sus motores girasen muchísimo más deprisa.
La respuesta fue una extraordinaria miniaturización. Bajo la dirección de Soichiro Irimajiri, Honda desarrolló primero la RC165 y después la RC166 que acabaría conquistando el Mundial. En lugar de concentrar sus 245 centímetros cúbicos en uno o dos cilindros, los repartió entre seis cilindros en línea de menos de 41 centímetros cúbicos cada uno.
Un motor tan pequeño como impresionante
Con un diámetro de 41 milímetros y una carrera de solo 31 milímetros, su motor subía hasta unas estratosféricas 18.000 rpm y entregaba 62 CV. Todo ello en una motocicleta de aproximadamente 112 kilogramos capaz de superar los 240 km/h. Para muestra, el vídeo que os mostramos a continuación en el que podéis escuchar su sonido.
Honda empleó un bloque de aluminio y una parte inferior del cárter de magnesio para contener el peso. El cigüeñal estaba compuesto por 13 piezas ensambladas a presión mediante utillaje específico, mientras que la culata recurría a dos árboles de levas y cuatro válvulas por cilindro, 24 en total. Sus reducidas dimensiones permitían aligerar el tren de válvulas, limitar el esfuerzo soportado por los muelles y evitar la flotación de las válvulas a un régimen al que prácticamente ningún motor de la época podía acercarse.
Y todo cabía en un propulsor de 35 centímetros.
Un motor tan impresionante como este requirió crear una máquina con refuerzos en chasis y suspensiones, con las que Mike Hailwood ganó las diez carreras que disputó en 1966, fue campeón de 250 cc ese año y repitió título en 1967.
La normativa acabaría con esta carrera tecnológica al limitar la categoría de 250 cc a dos cilindros y seis marchas desde 1970, pero también convirtió a la RC166 en algo irrepetible, en un motor que aún hoy en día sigue fascinándonos.









