Fórmula Racing: historia en clave deportiva de nuestro compacto, el SEAT León (segunda parte)

 |  @sergioalvarez88  | 

Hace una semana comenzamos a repasar la historia del SEAT León, en clave de altas prestaciones. Nuestro compacto nos ha dado versiones memorables, que a buen seguro serán futuros clásicos. El SEAT León de segunda generación fue lanzado en 2005, como sucesor de una primera generación de éxito simplemente arrollador. Un producto de éxito del que daremos buena cuenta de sus versiones más prestacionales. En la segunda generación de los SEAT León, las siglas FR siguieron tan vivas como siempre, al igual que el apellido Cupra… y Cupra R.

El SEAT León de segunda generación se vendió entre los años 2005 y 2012, con un gran éxito comercial.

La herencia estética del SEAT León de segunda generación vino derivada del prototipo SEAT Salsa, presentado con la entrada de Walter da Silva como jefe de diseño de SEAT. Su entrada coincidió con el lanzamiento de la primera generación del León, en la que no tuvo influencia alguna. No fue el León el encargado de estrenar esta filosofía de diseño, fue el SEAT Altea, con el que compartía plataforma. Su plataforma PQ35 también era el esqueleto de los Audi A3 y Volkswagen Golf, de segunda y quinta generación respectivamente.

Tras el arrollador éxito comercial del primer SEAT León, el segundo León recibió un interior completamente nuevo, no igual al Audi A3, como ocurrió en su primera generación. Un interior que fue fruto de quejas durante la totalidad de su vida comercial: los acabados dejaban bastante que desear con respecto a sus hermanos de grupo, e incluso con respecto al anterior León. No obstante, estas carencias fueron suplidas con una gama de motores renovada, con todos los avances en tecnología introducidos por el Grupo Volkswagen.

SEAT León FR 2.0 TDI y 2.0 TSI (2006): en la senda del éxito

El SEAT León de segunda generación hacía gala de suspensión independiente también en el eje trasero.

Para revivir el éxito de los León FR de primera generación, SEAT optó por una estrategia similar. Lanzó el León FR con dos posibles motorizaciones, un nuevo 2.0 TDI bomba-inyector de 170 CV de potencia y un 2.0 TSI de 200 CV, directamente sacado del recién estrenado Golf GTI de quinta generación. Los FR eran fácilmente distinguibles por su clásico color amarillo, llantas de 17 pulgadas de serie y un kit de carrocería deportivo, con sus escapes cromados bien visibles en la parte trasera. Nadie ocultaba su carácter deportivo.

El motor diésel fue de nuevo la opción más popular entre los FR de segunda generación, principalmente gracias a la enorme popularidad de los 1.9 TDI de 150 CV y su excelente patada. Con 170 CV de potencia, gozaba de un par motor de 350 Nm y era capaz de hacer el 0 a 100 km/h en sólo 8,2 segundos. Cifras excepcionales para un diésel que de nuevo fue muy potenciado de forma sencilla, además de muy apoyado por la enorme comunidad y por el aftermarket. No obstante, algunas unidades sufrieron problemas de culata.

Los asientos y volante deportivos eran de serie. Muchos fueron “tuneados” y adquirieron fama de coche “poligonero”.

La versión con motor 2.0 turbo de gasolina desarrollaba 200 CV de potencia y a pesar de ser (de nuevo) mucho más rápida que la versión diésel – 7,3 segundos en el 0 a 100 km/h y 229 km/h de punta – sus ventas fueron más bien bajas en comparación al potente FR TDI. Tras el lavado de cara del SEAT León en 2009, ambas versiones FR fueron modificadas. El motor TDI pasó a ser un EA189 con tecnología common-rail y el 2.0 turbo pasó a desarrollar 10 CV adicionales. Sus kits deportivos fueron también ligeramente actualizados.

SEAT León Cupra (2006): 240 CV de garra turboalimentada

Junto a los FR y desde el propio lanzamiento, SEAT ofreció una versión Cupra del León. Su motor 2.0 TFSI desarollaba la friolera de 240 CV y le permitía un 0 a 100 km/h de 6,4 segundos, con una velocidad punta cercana a los 250 km/h. Hasta el lanzamiento del Cupra R fue considerado el SEAT de producción más rápido de la historia. A pesar de tener la puesta a punto más deportiva de la gama los que lo probaron reconocían que no tenía una dinámica tan perfeccionada y ágil como la del Cupra R de primera generación.

Estéticamente no era demasiado diferente de los FR y quizá fue esta falta de diferenciación la que le granjeó unas ventas más bien modestas. Otro factor a tener en cuenta en sus cifras de ventas fue la cercanía en potencia del FR 2.0 TFSI, sólo 40 CV por debajo y 30 CV por debajo tras el lavado de cara. Una simple reprogramación de 300 euros anulaba las diferencias prestacionales. Con todo, el que firmó su sentencia fue el Cupra R lanzado en 2009, mucho más radical y con un comportamiento más deportivo.

SEAT León Cupra R (2009): Mr. Hyde devoró al Dr. Jelkill

Era capaz de acelerar hasta los 100 km/h en sólo 6,2 segundos, con una velocidad punta de 261 km/h.

El canto de cisne de la segunda generación del SEAT León llegó en la forma del impresionante Cupra R. Tras un Cupra que no resultaba tan pasional como se esperaba, SEAT quiso salir por la puerta grande y en 2009 lanzó su versión R. Una versión no apta para débiles de corazón. Su puesta a punto no tenía concesiones al confort y montó el propulsor más potente jamás equipado por un SEAT de calle: un 2.0 TSI, una versión potenciada hasta los 265 CV del cuatro cilindros turbo de gasolina que la versión Cupra montaba.

Un motor que compartía con el Volkswagen Golf R, el Volkswagen Scirocco R y el Audi S3. En el caso del SEAT, sólo propulsaba las ruedas delanteras a través de una caja de cambios manual de seis relaciones muy cerradas. Recuerdo probar el coche en 2011, y quedar bastante sorprendido. Su suspensión era dura como una tabla, cualquier bache en ciudad era un auténtico suplicio. Iba sentado en unos profundos semibacquéts (de serie, no opcionales) y el escape atronaba a los vecinos. Al contrario que los actuales compactos deportivos, no tenía modos de conducción.

Sus llantas de 19 pulgadas eran de serie, pero estéticamente apenas se diferenciaba de una versión Cupra.

Su único modo de conducción era el modo Sport: su motor empujaba con una rabia inusitada, propulsándolo hasta una velocidad máxima de 261 km/h. La suspensión era un suplicio en ciudad, pero en una buena carretera de curvas era el aliado ideal del explosivo motor y la precisa caja de cambios. Los que lo pudimos probar podemos certificar una puesta a punto brillante, juguetona y muy picante, con la rabia que se echaba de menos en el Cupra, sólo 25 CV menos potente. Nunca SEAT ha vuelto a fabricar un compacto tan deportivo.

Hablo con conocimiento de causa: he probado el nuevo Cupra y he de decir que es una máquina mucho más polivalente, con modos de conducción y suspensión ajustable que lo convierten en una bestia mansa y dócil en el día a día, un Dr. Jekill cualquiera. El SEAT León Cupra R de segunda generación es solo Mr. Hyde. Tampoco era un coche caro: se puso a la venta por un precio de 27.700 euros, una ganga en comparación al resto de compactos deportivos de la época. Ninguno superaba o igualaba sus prestaciones sin superar los 30.000 euros.

En Diariomotor:

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