En España no es algo del todo habitual, pero en países en los que la cultura automovilística está mucho más arraigada en la sociedad hay lugar para que empresas de pequeño tamaño se especialicen en diversos ámbitos, y el de la personalización es uno de los más llamativos.
En Japón, por ejemplo, durante años DAMD ha sido una de las que más ha dado que hablar porque sus trabajos se diseñan, muchas veces, en torno a coches inesperados a tenor del resultado final, como sucede con el de la siguiente galería de imágenes, que aparenta ser un todoterreno de diseño retro, pero no lo es. Igual que aquellos Suzuki Jimny con imagen de Lancia Delta e incluso Renault 5.
Y es que bajo lo que aparenta ser una especie de Jeep Cherokee clásico se esconde en realidad un Honda WR-V, un pequeño B-SUV que, por su tamaño y precio en otros mercados, bien podría servir a Honda como acceso a su gama SUV por debajo del HR-V, cuyo precio le impide luchar directamente con los B-SUV más vendidos de nuestro país.
La creación, sea como fuere, se llama DAMD Reverb y consigue transformar por completo la imagen del Honda WR-V recurriendo a una estética inspirada en el Jeep Cherokee de segunda generación, uno de los todoterrenos más reconocibles de los años 80 y comienzos de los 90.
El grueso de la transformación se concentra en el frontal, donde prácticamente desaparece cualquier parecido con el coche del que parte. DAMD sustituye las ópticas originales por unos faros halógenos rectangulares, instala una parrilla con seis ranuras verticales y añade unas luces diurnas LED cuyo diseño recuerda al del primer Jeep Grand Cherokee.
También son nuevos el capó, ahora mucho más recto y cuadrado para alinearse con el diseño de la nueva cara, y el voluminoso paragolpes delantero. El resultado busca trasladar a un SUV urbano moderno las formas sencillas y angulosas que caracterizaron a muchos todoterrenos japoneses y estadounidenses hace más de tres décadas.
DAMD también modifica la postura del coche elevando la suspensión unos 35 milímetros. A ello se suman unas llantas de 16 pulgadas calzadas con neumáticos BFGoodrich All-Terrain T/A KO3 en medida 215/70 R16, cuya mayor cantidad de goma y dibujo más agresivo hacen que el WR-V parezca bastante más preparado para circular fuera del asfalto.
Sin embargo, conviene no confundir su aspecto con sus verdaderas capacidades. El Honda WR-V conserva la tracción delantera y la transmisión automática de variador continuo de la versión de serie. Por tanto, sigue siendo un SUV urbano y no un todoterreno, aunque la mayor altura y los nuevos neumáticos pueden aportarle cierto margen adicional al circular por caminos sencillos.
De manera opcional, los laterales pueden incorporar paneles decorativos de imitación de madera, un recurso muy típico los familiares y todoterrenos americanos de los 60, 70 y 80. La zaga, en cambio, apenas cambia: conserva los pilotos originales del WR-V y recibe una pieza de plástico negro que elimina la insignia de Honda para colocar en su lugar el nombre Reverb.
Los cambios del habitáculo son más discretos y se limitan principalmente a la tapicería. DAMD ofrece unas fundas para los asientos con estampado de cuadros, un patrón que también aparece en las consolas delantera y trasera y en los bolsillos situados detrás de los asientos delanteros.
Desde luego, una creación así apenas tendría salida en España, entre cuyo público el aficionado al automóvil es un rara avis y que cada vez tiene las cosas más complicadas, más que en Europa, incluso, si cabe, dada la precariedad del bolsillo más común aquí.










