Uno nació para demostrar que un coche de calle podía superar los 400 km/h. El otro era un enorme monovolumen pensado para viajar en familia, con siete personas, equipaje y niños en las plazas traseras. El Bugatti Veyron y el Honda Odyssey difícilmente podrían ser más distintos. Y, sin embargo, durante unos años compartieron una tecnología que terminó convirtiéndose en un quebradero de cabeza para sus propietarios.
Se llamaba Michelin PAX y pretendía reinventar el neumático run-flat. Sobre el papel era una solución brillante. En la práctica resultó cara, compleja y difícil de mantener. Tanto, que dos décadas después Bugatti acaba de encontrar una manera de librar al Veyron de uno de sus mayores problemas de mantenimiento.
¿Qué podían compartir un Bugatti de 1.001 CV y “el coche de la abuela”?
Conviene hacer una precisión. El Veyron y el Odyssey no utilizaban exactamente el mismo neumático. Un monovolumen familiar evidentemente no necesita una cubierta diseñada para enfrentarse a velocidades superiores a 400 km/h.
Lo que compartían era el concepto Michelin PAX: un sistema formado por neumático, llanta específica y un anillo interior de soporte que permitía continuar circulando incluso después de perder la presión.
La idea era distinta a la de muchos neumáticos run-flat tradicionales. En lugar de confiar principalmente en unos flancos extremadamente rígidos para soportar el peso del coche al quedarse sin aire, PAX incorporaba un anillo montado sobre la propia llanta sobre el que podía apoyarse el neumático.
Y ahí está precisamente la razón por la que una misma tecnología podía tener sentido en dos coches completamente opuestos.
En el Bugatti Veyron era una cuestión de prestaciones. Sus 1.001 CV, 1.250 Nm y más de 400 km/h obligaron a Michelin y Bugatti a desarrollar prácticamente desde cero unos neumáticos capaces de soportar unas condiciones que ningún coche de producción había planteado hasta entonces.
En el Honda Odyssey, en cambio, PAX tenía una misión mucho menos espectacular y probablemente mucho más útil para una familia: que un pinchazo no obligase a detener inmediatamente un monovolumen cargado de pasajeros.
El problema llegaba cuando había que cambiar los neumáticos
Tecnológicamente, PAX era fascinante. Comercialmente, empezó a mostrar rápidamente sus inconvenientes.
El sistema no utilizaba simplemente una cubierta que pudieras sustituir por otra equivalente. Necesitaba llantas específicas, neumáticos específicos y maquinaria especializada para desmontarlos y montarlos.
Eso limitaba enormemente los talleres capaces de trabajar con ellos. Y si esta circunstancia ya era incómoda para el propietario de un coche de más de un millón de euros, podía resultar todavía más difícil de justificar en un Honda familiar.
El Odyssey Touring llegó a ofrecer PAX precisamente como una solución de seguridad y comodidad. El problema era que una tecnología sofisticada también implicaba neumáticos más caros, una disponibilidad mucho menor y menos lugares capaces de sustituirlos que unas ruedas convencionales.
En Estados Unidos incluso hubo propietarios que llevaron a Honda y Michelin ante los tribunales por cuestiones relacionadas con la duración, el coste y las dificultades de mantenimiento del sistema. PAX nunca llegó a convertirse en el nuevo estándar que Michelin había imaginado.
En el Veyron el problema se multiplicaba hasta cifras absurdas
Si mantener PAX podía resultar molesto en un Honda Odyssey, hacerlo en un Bugatti Veyron directamente entraba en otra dimensión.
Los neumáticos específicos del hiperdeportivo francés han llegado a convertir un simple cambio de ruedas en una factura de alrededor de 35.000 o 36.000 euros. Y Bugatti recomendaba además sustituirlos con una frecuencia que sería impensable en un turismo convencional.
Pero había otro problema todavía más importante: el paso del tiempo.
El Veyron cumple ahora dos décadas y Michelin ya no produce aquellas cubiertas como un neumático convencional de gran difusión. Mantener una flota de coches históricos dependiente para siempre de una tecnología tan específica no parecía la mejor solución.
20 años después, Bugatti ha encontrado la salida
Y aquí es donde esta historia de hace dos décadas vuelve a tener actualidad.
Bugatti ha desarrollado para su programa de restauración La Maison Pur Sang un nuevo concepto de llanta para el Veyron. Mantiene una estética claramente reconocible, pero aumenta el tamaño hasta 20 pulgadas delante y 21 detrás.
Lo realmente importante no es su aspecto. Es que estas llantas permiten utilizar neumáticos en dimensiones empleadas por el Bugatti Chiron, con tecnología Michelin mucho más moderna y, sobre todo, sin depender de los antiguos PAX.
Es una solución especialmente interesante para un coche llamado a convertirse —si no lo es ya— en uno de los grandes clásicos del siglo XXI. El Veyron puede conservar sus prestaciones y mantenerse dentro del ecosistema técnico de Bugatti sin condenar a sus propietarios a buscar eternamente uno de los neumáticos más peculiares de la historia.
Resulta curioso que uno de los grandes problemas de mantenimiento de un coche de 1.001 CV capaz de superar los 400 km/h fuese compartido, en esencia, por un Honda pensado para llevar a toda la familia.
Quizá esa sea también la mejor forma de resumir Michelin PAX. Fue una tecnología suficientemente avanzada para enfrentarse al coche más rápido del mundo y suficientemente práctica sobre el papel para instalarse en un monovolumen familiar. Pero era tan compleja que ninguno de esos dos extremos terminó necesitándola para siempre.












